Debemos agradecer al ministro de Consumo haber dejado al desnudo una de las facetas más sangrantes del Frankenstein que nos gobierna:
Su total y absoluta indigencia intelectual; su inepcia.

Destacamos con frecuencia la tendencia patológica a la mentira de Pedro Sánchez, así como su relativismo rayano en la psicopatía.

Nos alarma el sectarismo de Podemos, cuya reforma laboral, sin ir más lejos, agravará a buen seguro la ya dramática situación del empleo en España, campeona de paro de la UE.

Sentimos indignación, asco y rabia ante la catadura moral y política de sus socios parlamentarios, integrantes de partidos justificadores del asesinato y defensores del golpismo, cuyo propósito declarado es romper la unidad nacional.

Pero rara vez hablamos de la profunda irresponsabilidad inherente a dejar en manos de incapaces la gestión de la cosa pública, por no mencionar la afrenta resultante de comparar los sueldos y prebendas de los que gozan esos cargos con la situación económica y laboral de incontables ciudadanos infinitamente mejor preparados y dispuestos a trabajar mucho más.

Isabel San Sebastián ( ABC )