¡GRACIAS, PEDRÍN !

Muchísimas personas contamos con un entrañable amigo «de toda la vida». El mío es el gran Manolo, fuente segura de honestidad y alegría. Nos conocimos peleándonos un día en el recreo del colegio, cuando ambos cursábamos Parvulitos A (me temo que ya ha llovido). Pero enseguida nos hicimos amiguetes.

Estudiamos juntos todo el bachillerato y la carrera, compartimos farras, taquicardias con el Dépor, discos, conciertos… y hasta hoy. No quiero ponerme ñoño -o sí-, pero los buenos amigos son un tesoro, un refugio y un ancla de cordura, porque te dicen la verdad.

Iñaqui y Pedrín, como se llaman mutuamente con cariño, constituyen un buen ejemplo de amigos de toda la vida. Madrileños de la cosecha del 72, se conocieron a los 9 años. Más tarde jugaron juntos al baloncesto en el Estudiantes y no tienen más que buenas palabras el uno para el otro.

Pedrín estudió Económicas e Iñaqui, Arquitectura. Andando el tiempo, ambos se convirtieron en doctores cum laude en sus materias (aunque sobre la tesis de Pedrín podríamos charlar un rato).

Como todo el mundo, los dos han tenido sus subes y bajas en sus biografías. Pedrín llegó a estar fuera de juego, totalmente KO, y se recorrió en su utilitario los pueblos de España para intentar reflotar. Al final lo logró, y por todo lo alto.

Iñaqui, aun teniendo enorme valía para su oficio arquitectónico, se vio arrollado por la crisis inmobiliaria y bancaria de 2008, que arrasó su sector. «A los arquitectos nos dio de lleno», lamentaba él mismo hace cinco años desde Estados Unidos.

Hubo de hacer las maletas y buscar vida en el extranjero, donde lo ha pillado la pandemia. Pero su historia tiene un final feliz. Pedrín nunca se olvidó de Iñaqui y cuando ha podido le ha echado una mano, buscándole un curro de 90.000 euros que ha hecho posible ahora su retorno a España.

Qué bonito. Lástima que constituya un caso de nepotismo de manual. Pedrín es don Pedro Sánchez Pérez-Castejón, presidente del Gobierno, que ha creado una nueva dirección general en el Ministerio de Transportes, a cuyo frente ha colocado a su mejor amigo, don José Ignacio Carnicero, para él, Iñaqui.

El nombramiento se ratificó en el Consejo de Ministros de este martes. Ignacio Carnicero, al que nadie niega sus méritos profesionales y su talento, es el nuevo director general de Agenda Urbana y Arquitectura, flamante chiringuito que alguien ha ordenado crear a Ábalos (¿sería Pedrín?).

Inventar un departamento público que tiene como destinatario expreso al mejor amigo del presidente constituye un sarcasmo cuando en España hay colas del hambre y el paro está desbordado, con 3,8 millones de desempleados y más de tres millones de personas en ERTE por el cierre gubernativo de la economía.

Este nombramiento nepotista es un alarde de desvergüenza, más propio de un régimen de amiguismo arbitrario que de una democracia reglada. Con la que está cayendo, si alguien perpetra un enchufismo tan zafio es porque considera que está por encima del bien y del mal. Ha degradado tanto las instituciones que cree que puede hacer lo que le dé la gana.

Y eso es lo peor de esta historia.

Luis Ventoso ( ABC )