GRANDE-MARLASKA Y EL NUEVO TERRRORISMO

No existe peor gobierno que el que se empeña en negar la evidencia. Y este Gobierno de Pedro Sánchez insiste en desmentir que sus políticas hayan provocado un efecto llamada de miles de inmigrantes ilegales. Y, lo que es peor: acusa al Gobierno de Rajoy de falta de previsión. Bueno, hay que reconocer que en eso sí son coherentes. Porque si no hubiera habido efecto llamada se podría hablar de falta de previsión ante la avalancha de inmigrantes que estamos teniendo.

Pero la realidad es que la invitación del Gobierno del Partido Socialista a que vengan a España los que no son admitidos en otros países, su anuncio de que los españoles pagamos con nuestros impuestos la sanidad a cualquier persona, no importa de dónde venga, y el aviso a los cuatro vientos de que se va a facilitar el acceso a España quitando las concertinas de la frontera tiene un efecto llamada. Sí o sí.

Añadamos a ello que los que han asaltado la frontera de Ceuta y han agredido a los agentes de la Guardia Civil allí presentes no han sido detenidos ni consta que se les haya denunciado en ningún juzgado. Antes al contrario, se fueron de ese asalto con agresión a instalarse en los centros de estancia temporal. A diferencia de lo que ocurre en la mayor parte del mundo, en España, los que violan la frontera van corriendo a los centros de acogida que proporcionan las mismas autoridades cuyas lindes acaban de ser asaltadas.

Y lo que es peor, sabemos que hay agentes de la Benemérita que han sufrido en Ceuta un ataque con cal viva, un óxido cálcico que deshace químicamente músculos, nervios y tendones, además de consumir la piel. Agredir a los agentes de la autoridad con eso tiene un nombre bien conocido en España: terrorismo. Pero el ministro Grande-Marlaska -quién lo ha visto y quién lo ve- no sólo no está interesado en perseguir este tipo de terrorismo, es que lo alienta dando facilidades para que los agresores puedan cruzar la frontera sin mayor problema y agredir a los custodios de la Marca Hispánica.

¿Puede haber un ministro del Interior que ayude a los que agreden a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado? En este momento lo tenemos. Y veremos si no acaba teniendo una relación con Policía y Guardia Civil similar a la que mantiene el concejal de Seguridad del Ayuntamiento de Madrid, Javier Barbero, con la Policía Municipal de la capital de España: el enfrentamiento constante.

Frente a la política de puertas abiertas del Gobierno Sánchez, Partido Popular y Ciudadanos han reaccionado pidiendo el control fronterizo, lo que para algunos equivale a agitar el discurso antiinmigración. La realidad es que, por más que lo nieguen, esa inmigración incontrolada ha creado graves problemas en Europa. Y por no hacer nada contra ella desde los partidos de centro-derecha y de izquierda de otros países se han creado las condiciones para que aparezcan partidos de ultraderecha y xenófobos. Ese es sin duda el deseo de la izquierda española, que quiere ver a la derecha todavía más fracturada de lo que ha llegado a estar en estos años.

Y eso es algo que no puede permitir el nuevo presidente del PP. Europa tiene un grave problema con la inmigración incontrolada y Pablo Casado ha optado por enfrentar el problema. Más nos vale que las propuestas de solución lleguen desde un partido con profundas raíces en el centro político. Hacer cumplir la ley de este estado democrático jamás puede ser un signo de xenofobia. Lo que sí sería una muestra de racismo es que según quién agreda a la Policía se le procese o no. Porque en un Estado de Derecho todos somos iguales ante la ley. Y hay algo que va muy mal cuando es necesario recordar obviedades como esta.

Ramón Pérez-Maura ( ABC )