GRANDEZA Y TRISTEZA

La grandeza ése es un comportamiento que define a una nación en tiempos de crisis y yo creo que gran parte de nuestra sociedad  la  está acreditando. Por eso estos días  me abrazo a esa referencia para poner en la balanza de mis reflexiones diarias lo más positivo de todo lo que nos está sucediendo,  porque las miserias que también existen hablan por sí solas y acabarán situando a cada uno en su lugar.

Una de las buenas cosas de la literatura clásica es el volumen de referencias épicas que nos dejaron los  escritores de aquellos siglos,  y éste es un momento para recordar el  verso 20 del Cantar del Mío Cid en el que  su anónimo autor  dice:  “¡Dios, qué buen vassallo si oviesse buen señor!”,  cuando describe el digno comportamiento de Rodrigo Díaz de Vivar ante la mezquindad moral de  Alfonso VI .

Las virtudes y los defectos   son características y comportamientos que desarrollan las personas individualmente,  aunque  cuando nos conviene – ¡haciendo un exceso”, como diría Jarquín Sabina – intentamos convertirlas en cualidades colectivas.  Nunca he creído  que la bondad sea contagiosa porque ésa es una característica más típica de la estupidez,  pero si lo es la cultura en un sentido amplio, y por eso estamos acreditando como colectividad que somos buena gente.

Se ha dicho muchas veces que las crisis son una oportunidad para que las sociedades aprendan de sus errores y rectifiquen,  y estos días estamos observando cuánta gente buena hay pero también cuándo tonto esférico está colgado de las tertulias de este país de porteras.

Hoy quiero hacer un breve elogio por los periodistas que cuentan con rigor, con esfuerzo y con riesgo lo que está pasando, porque la información es uno de los servicios esenciales en una sociedad democrática, pero dicho esto ,y en honor de su buena imagen, no puedo ni debo ponerlos al mismo nivel que a los contertulios que en estos tiempos de solidaridad van con casco y chaleco antibalas a las televisiones para disparar mierda y odio contra los que se han situado en el otro bando ideológico.

Creo que el periodismo de tertulia, no en todos pero sí  en algunos medios,  está escribiendo las páginas más vergonzosas de su historia para esta profesión, aunque muchos de los que les siguen como si fuesen oráculos se sientan felices por lo que escuchan y representados por lo que dicen.

Mientras tanto los que luchan con riesgo de sus vidas por controlar la extensión de esta plaga bíblica, están mayoritariamente en el otro plato de la  balanza demostrando que somos un gran país y ayudándonos a sacar una conclusión cierta que ya en el año 1207 dejo escrita en el verso 20 del Cantar del Mío Cid un ignoro poeta. que dijo:  “¡Dios, qué buenos vassallos si oviessen buenos señores!”

Diego Armario