Pedro Sánchez provoca un efecto condicionado que consiste en que cuando aparece en Televisión, en un sector de la población  de forma refleja cambian de canal.

Ignora,  entre otras muchas cosas,  que  el mando de la tele es como el Boletín Oficial del Estado en el  Palacio de la Moncloa,  porque quien lo agarra no lo suelta e impone su ley. Por eso cada vez que irrumpe sin pedir permiso a la hora del telediario, o cuando le da la gana,  provoca una desbandada y las audiencias caen en picado.

Sospecho que el reimplantado Iván Redondo  va perdiendo  reflejos porque si estuviera tan  listo como lo  fue antes de creerse la segunda persona de la Santísima Trinidad,  le aconsejaría a Pedro que tuviera intervenciones más breves  para informar sobre asuntos importantes y que  se abstuviera de decir que los niños se tienen que lavar las manos y que en Navidad  convendría que la gente se abrazase menos, porque  para obviedades y simplezas ya está su señora la Bego, a la que le han regalado la dirección de un Máster en la Universidad sin  necesidad de haber  pasado por ella.

Procuro ser cuidadoso a la hora de hablar de las vacunas y por eso apenas escribo sobre este asunto en el que observo que hasta los médicos y científicos hacen declaraciones llenas de prudentes matices, y algunos sostienen que no existirán  garantías suficientes de fiabilidad hasta que transcurra un tiempo y se conozcan las reacciones que producen en la población.

La frase de uno de esos médicos en Televisión  diciendo: ”Yo no me pondría hoy la vacuna”, indica una prudente actitud de alguien que no es un charlatán  ni está obligado a mentir para salvar al gobierno.

Dicho esto es una excelente noticia que se estén produciendo esos avances en la investigación,  pero si la Ad5-nCoV, de China, y la Sputnik de Rusia, no hay cristiano que se atreva a ponérsela  incluidos Xi Jinping o Wladimir Putin, habría que preguntarse si los gobernantes de nuestros países estarían dispuestos a vacunarse  públicamente y ante las cámaras de televisión para demostrar que no temen nada de sus posibles efectos secundarios.

No es por ser mal pensado, que lo soy, pero tengo muy presente lo que Pablo Iglesias dijo sobe los viejos  cuando afirmó que “deberían irse en un helicóptero, como Ratzinger a Castelgandolfo,  o a la mierda”, o la idea que tienen Sánchez y su becaria Adriana Lastra sobre los mayores de su partido. Por eso no son referentes fiables cuando dicen que quieren vacunar primero a los viejos.

Así que yo propongo que como en España el mayor grupo de riesgo que existe es el propio gobierno en particular y la clase política en general, que sean ellos los primeros en vacunarse y si pasados unos meses sus únicos síntomas son el egoísmo, la mentira y el aprovechamiento en beneficio propio de los recursos del Estado,  será la señal de que la vacuna no tiene efectos secundarios.

Diego Armario