GUERRA Y EL » BARÓN NEGRO »

Decía Borges de los peronistas que no eran «ni buenos ni malos: incorregibles». Los socialistas españoles, sobre incorregibles, resultan inagotables, y, por ende, agotadores. La cariñosa entrevista a Alfonso Guerra este fin de semana en EL MUNDO es un monumento a la hipocresía, un homenaje a la desmemoria y un ejercicio olímpico de pétrea faz.

Dice que no dimitió por los casos de corrupción que afectaron a toda su familia, «sino por otras causas», y se queda tan fresco. Miente como respira, no en balde viene del teatro, pero aprovecha la necesidad patológica en muchos españoles de que haya un PSOE bueno para fingirse patriota, tras acaudillar durante un cuarto de siglo el PSOE más sectario, corrupto y antinacional; es decir, el felipista, del que fue cocinero, brazo ejecutor y feroz inquisidor.

Naturalmente, en una isla desierta, Guerra sería mejor compañía que Fernández Díaz; y al lado de Adriana Lastra es Platón leído por Aristóteles. Pero lo esencial de un socialista, sea pícaro como el jefe de la banda de los Guerra, astuto como González o lerdo como Sánchez, es la irresponsabilidad. A la izquierda, que siempre son realmente los socialistas, aunque los comunistas piensan que son realmente ellos, lo que la distingue es que, del mal demostrado, siempre tienen la culpa otros.

Y si habla el que ya no manda, la culpa es del nuevo mandamás. Es verdad que Sánchez se lo pone fácil: ayer dijo que la izquierda es «todo lo contrario de lo que es Maduro», cuando él es su principal abogado en la UE, sigue el guion de Zapatero, su predecesor al frente del PSOE, y gobierna con Podemos, franquicia del régimen venezolano. En el mismo acto, su candidata en Valencia se declaró «feminazi» y seguidora de una de Bildu. Que es lo contrario de la ETA, claro.

Pero la estética gasta a veces bromas justicieras, y resulta que HBO acaba de estrenar en España El Barón negro, serie francesa sobre la corrupción política, con el populismo socialista como protagonista, y cuyo actor principal recuerda horrores a Juan Guerra. Matizo: un Juan Guerra más alto, con algo de Roldán y un toque de Rubalcaba. O sea, el perfecto golfo socialista contemporáneo. Ahora que El reino ha descubierto el filón de la corrupción política, les sugiero este título: Alfonso Guerra: Memorias de alguien que nunca estuvo ahí.

Federico Jiménez LoSantos ( El Mundo )