HABLO TORRA, VOLVIÓ LA BESTIA

«El partido comienza a su hora». Ese era el titular que las cadenas de progreso ofrecían a las ocho de la tarde, visto que los del Tsunami habían pinchado en su intención de liarla multitudinariamente antes del encuentro entre el Barcelona y el Real Madrid. Más que un maremoto, el Tsunami separatista parecía en los prolegómenos del partido la mansa olita en un pantano.

Ayudó a esta aparente normalidad que la directiva del Barça cediese al chantaje previo y les dejase colocar dos enormes pancartas con la monserga habitual. «Cacheos exhaustivos», anunció el Barça, que no consiguen detectar ¡doscientos metros cuadrados de tela!

Que si «España, siéntate y habla», que si «Libertad para Cataluña», nada que no se pueda leer o escuchar cualquier domingo de fútbol en el Camp Nou desde que el club decidió sumarse con entusiasmo al «procés» haciendo añicos la presunta universalidad del Barça con un encierro interior pueblerino, modelo paella de «Villa Arriba», sin miras ni respeto para los millones de seguidores que no son separatistas.

Cumplido el objetivo de las pancartas independentistas toleradas por Bartomeu, había que montar algún alboroto más, no fueran a pensar los «fascistas» que se rendían pues hasta ese momento la única carga policial reseñable fue para separar una trifulca entre los Boixos Nois y los del Tsunami, que tan desorientados andaban con su desangelada convocatoria que ya no sabían con quién pegarse.

Pues a por estos… Así, los alrededores del estadio fueron luego escenario de enfrentamientos de los rescoldos del Tsunami (sección «a mí no me quitan una noche de juerga») y la Policía autonómica. Primeras barricadas incendiadas, no saben otro lenguaje, a cantazos con los guardias, acoso con estiércol de burro a los reporteros…

A la presunta «revolución de las sonrisas» le sale muy pronto ese pelo de la dehesa cimarrón y violento que echa por tierra el discursito del pacifismo, guardiolista y simplón. Otra vez fuego en las calles. En esta ocasión, en los alrededores de un lugar donde se concentraban cien mil personas que aún debían salir del estadio.

Máxima irresponsabilidad, claro que pedir moderación a una bestia resulta tan inútil como hablarle de la Constitución y las leyes a Quim Torra, el racista confeso que ayer, de nuevo, animó a tomar las calles porque los catalanes tienen «derecho a la protesta». Otra vez.

Ya está tardando la Justicia en inhabilitarle como político, como persona ya lo hizo la naturaleza cuando le limitó de esa manera tan cruel el entendimiento.

Álvaro Martínez ( ABC )