HACER EL RIDÍCULO

El Gobierno defiende la realidad, un concepto de civilización, los derechos y garantías de todos los españoles. El independentismo que el señor Puigdemont encarna no protege absolutamente nada y sólo escarba una salida personal, una muy concreta y provinciana ambición de poder, e incapaz de romper España se dedica a burlarse de ella con la única y desesperada intención de ganar tiempo para tratar de hallar una solución que sabe que no existe. El Gobierno está en los hechos y el independentismo es un corto de dibujos animados. La independencia judicial es un valor de cualquier sociedad democrática y avanzada.

La Ley tiene siempre que prevalecer, y prevalecerá, y el Gobierno se ocupará diligentemente de que así sea, incluso en los momentos en que sea contraria a sus intereses, pero ello no significa que en tiempos tan demenciales como los que nos tocan vivir, el Gobierno no tenga el deber de intentar cualquier estrategia –aunque esté en el límite o pueda rebasarlo- para poner fin a tan grotesco espectáculo–.

Se ha dicho esta semana que la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ha hecho el ridículo con su recurso, cuando quien en realidad está haciendo el ridículo, y desde hace meses, es el señor Puigdemont y el tipo de independentismo que representa. Que un Gobierno use todos los medios proteger a su Estado y su convivencia nunca es ni será ridículo. Que la Justicia ponga sus límites no sólo no ha de avergonzar a nadie sino que ha de ser motivo de orgullo de todos los españoles tener un sistema judicial que no está controlado por el Ejecutivo ni siquiera en las más delicadas situaciones. A diferencia del independentismo, el Gobierno acata y acatará las decisiones de los tribunales y sabrá encontrar otros cauces para lograr sus objetivos, que son los nuestros, a pesar de lo mucho que nos gusta hablar del presidente Rajoy en tercera persona, normalmente para insultarle.

La libertad no es un corte limpio. Las dictaduras lo son, y las guillotinas. El todo o nada que tan romántico resulta a algunos casi siempre acaba con recuento de cadáveres al final del día. El Gobierno ha impuesto el orden y la Ley en los hechos, en la realidad, en el continuo de la vida pública en Cataluña. Jugar al gato y al ratón no tendría que ser la misión de los gobernantes de un país moderno y europeo como España; pero como evidentemente algo hay que hacer con las ratas, probamos primero con la escoba por ver si nos podemos ahorrar métodos más pestilentes y aparatosos, a los que las personas normales sólo recurren si es estrictamente necesario y no para demostrar que son más machos.

Contra lo que la propaganda oscurantista y federica quiere hacer ver, España ha ganado en Cataluña y desde la aplicación del artículo 155 no hablamos ya ni de unilateralidad ni de independencia, sino de los problemas estrictamente personales –y patéticos– de quienes intentaron derrocar al Estado.

Salvador Sostres ( ABC )

viñeta de Linda Galmor