HACERSE PERDONAR POR ETA

Ya lo cantó la voz rota de Bob Dylan en una de sus composiciones: «No se necesita al hombre del tiempo para saber de qué lado sopla el viento».

Mucho menos cuando, prolongando las senda emprendida por Zapatero y sus componendas con ETA, mientras devaluaba el Pacto Antiterrorista que suscribió con Aznar para salvar la cara ante la opinión pública, el actual secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se ha asegurado la abstención del brazo político de la banda armada para su reinvestidura (en suspenso), tras respaldar la moción de censura Frankenstein contra Rajoy, así como para aupar a su conmilitona María Chivite (consumada) a la Presidencia de Navarra.

De esta guisa, legitima como sosias a una hermandad sangrienta que antes legalizó su predecesor Zapatero, quien rompió con el legado socialista. Atendiendo a las exigencias de PNV y Bildu, que así se lo compelieron de manera tan explícita como persuasiva para poder apoyar su investidura, Sánchez ha antepuesto sus intereses personales a los de la Constitución que se comprometió cumplir y hacer cumplir. De un tiempo a esta parte, el PSOE concluye deambulando por allí por donde prometió que nunca transitaría.

En este contexto, es lógico que Bildu se venga arriba. Se cobra en los despachos lo que no obtuvo sembrando el espanto, pero se resarce poniendo tributo a su sometimiento.

No sólo no condena el millar de asesinatos -muchos aún sin aclarar-, sino que jalea a sus autores al abandonar la prisión una vez cumplidas unas penas irrisorias, cuando no infames, en comparación con el número de sacrificios humanos perpetrados.

En pocas ocasiones rinde más pertinente el esclarecido aserto ciceroniano de Summum ius summa iniuria(Sumo Derecho, suma injusticia).

Francisco Rosell ( El Mundo )