HACIA EL CATALÁN PURO

Si una sagaz feminista escribió que “no se nace mujer, sino que se llega a serlo”, puede que tampoco se nazca catalán, sino que se llega a serlo… tras haber nacido español. Para convencer en Oxford el separatismo necesita mayor aparato crítico, empezando por someter a Gaby Rufián a examen antropológico. ¿Puede un charnego común, en un esfuerzo supremo de voluntad, encaramarse a la noble condición del catalán puro, es decir, ex español? ¿Es posible que Rufián sea la Simone de Beauvoir del soberanismo?

Mi respuesta es que sí, y puedo argumentarla partiendo del Renacimiento italiano. Rufián encarna el final de un largo camino filosófico que emprendió Pico della Mirandola en su conocida Oración sobre la dignidad del hombre de 1486, que pone en boca del mismo Dios la fórmula de la excepción humana a las leyes naturales:

-La naturaleza encierra a otras especies dentro de unas leyes por mí establecidas. Pero tú, a quien nada limita, por tu propio arbitrio, te defines a ti mismo. No te he hecho ni celeste, ni terrestre, ni mortal, ni inmortal, a fin de que tú mismo, libremente, a la manera de un buen pintor o un hábil escultor, remates tu propia forma.

He aquí el principio de autodeterminación que marca el arranque de la modernidad, que no es nada más que una optimista impugnación de la naturaleza inexorable. En adelante, el hombre ya no se resignará a ser lo que venía siendo. Los súbditos se levantarán contra los reyes, los proletarios contra los patrones, los esclavos contra el etnocentrismo, las naciones contra los imperios, los burgueses contra las convenciones, las mujeres contra el patriarcado. Es la historia misma de la civilización occidental.

Pero tras la modernidad llegó la posmodernidad, que ya no acepta nada dado, que todo lo reputa construcción social. Empezando por el sexo y su orientación, que se pretende puramente electiva, emancipada de la genitalidad, con el sobrecoste repercutido en la cartelería de los baños públicos. En términos académicos, uno ahora ya no aspira a ser lo que le sale de los cojones, porque lo que salga de ahí ha perdido ya toda legitimidad identitaria. El siguiente paso -y ya hay sesudos ensayos sobre el particular- postula el transracialismo, es decir, el derecho de un chino de metro y medio a reivindicarse negro de masculinidad superdotada. Los notarios más sutiles de esta época fascinante han sido los Monty Python.

Si la feminidad se construye, como pedía Beauvoir, la catalanidad sin mezcla de españolismo también. Descartado el criterio étnico por el desprestigio en que han caído las investigaciones del doctor Mengele, los procedimientos para forjar la identidad separatista en Cataluña han sido otros, el primero el lingüístico y el último el pecuniario, o al revés. El paraíso fiscal perfecto no se localiza en un trópico cualquiera, donde siempre acaba metiendo las narices un sabueso de Montoro, sino en el hecho diferencial, región del espíritu que resulta inalcanzable a los vampiros de Hacienda. Es la visionaria intuición del gran Francesc Pujols:

-Ser catalán equivaldrá a tener los gastos pagados en cualquier sitio adonde vaya. Y como las apariencias engañan, a pesar de que sea más ignorante que un asno, cuando los extranjeros vean a un catalán creerán que es un sabio. Tanta será nuestra fama que habrá muchos catalanes que por modestia no se atreverán a decir que lo son y se harán pasar por extranjeros.

Llaman charnego a Rufián, pero igual lo suyo tan sólo es modestia.

Joge Bustos ( El Mundo )