HACIA EL CULTO A LA PERSONALIDAD

Resulta innegable cómo el Gobierno de la nación está intentando revestir su actuación en la crisis del coronavirus de un mensaje cuyo resumen es «yo no tengo la culpa».

Ya decíamos el pasado 11 de marzo en estas páginas (y pido perdón por la autocita) «que lo más preocupante del Consejo de Ministros de ayer fue la decisión de que las medidas se toman con carácter temporal, “siempre teniéndose en cuenta la evolución de la epidemia en Italia y las medidas que el Gobierno de Italia aplique en su territorio, con el fin de valorar el restablecimiento de la normalidad en cuanto sea posible”». Ya entonces se derivaban responsabilidades en un tercero.

Desde ahí la política de comunicación de La Moncloa ha sido muy evidente y muy propia de un régimen totalitario. Aunque dirán que nada de ello es culpa suya. Las circunstancias obligan a hacer ruedas de prensa en las que los periodistas no pueden formular sus preguntas directamente, pero no es culpa del Gobierno.

Alguien tiene que formular esas preguntas y, ¡lástima!, sólo está disponible el secretario de Estado de Comunicación para seleccionar cuáles son las que contestan el presidente y los ministros que comparecen y cuáles no. Así las cosas resulta más fácil mantener ante la opinión pública un discurso que como me dice un buen comunicador público, con mucha experiencia en dar ruedas de prensa los viernes, se puede traducir en cinco puntos:

1. Se trata de una crisis mundial y, como tal, afecta a todos los países. España sólo es uno más sin culpa alguna de su Gobierno.

2. Ningún Gobierno podía prever esta crisis y nadie la había previsto. Por lo tanto el Gobierno no lo ha hecho mal. El que hubiera en enero un informe del CSIC advirtiendo sobre la letalidad del virus no era especialmente relevante porque tampoco se hizo caso en otros países.

3. El Gobierno está aplicando las medidas que dictan los organismos internacionales y los expertos. Lo que quiere decir que si esas medidas no surten efecto, la responsabilidad es de los expertos. El Gobierno lo hace bien aunque las cosas salgan mal.

4. España está a la vanguardia mundial de las medidas adoptadas para enfrentar el coronavirus gracias al Gobierno. Y eso el discurso de La Moncloa lo convierte en progresismo. Y ya sabemos que nadie en el mundo es más progresista que el Gobierno de Sánchez.

5. De todo lo anterior solo queda dar un pequeño paso al frente para llegar al culto a la personalidad. Y tenemos bastantes ejemplos que nos demuestran que se está dando. Baste recordar la cantidad de referencias que hacen tanto los ministros como los «expertos» al presidente del Gobierno a pesar de que éste dice no hacer más que lo que le dicen esos mismos «expertos». El guía sólo es tal cuando interesa.

En medio de esa ola de propaganda nos han lanzado el mensaje de que la Sanidad cuyo control ha recuperado Sánchez ha construido en Ifema el hospital más grande del mundo en 48 horas, no como los chinos que tardaron once días en levantar en Wuhan su gran hospital.

Y la gente escucha el mensaje y no dice nada. Ni lo más obvio: que en Wuhan se levantó un edificio desde los cimientos y aquí no hacía falta poner ningún cimiento. Y que esas inmensas naves con enfermos separados tan solo por el aire, en las que hay ahora un mar de camas, sólo pueden equipararse con un hospital de campaña, no con un verdadero hospital. Pero ya sabemos que la Verdad no es una de las especialidades de este Gobierno. Y no le va tan mal…

Ramón Pérez-Maura ( ABC )

viñeta de Linda Galmor