Un vecino de Mataró ha aprovechado que los tipos que ocupaban su vivienda anunciaban que estaban de vacaciones en Ibiza para entrar en su casa, neutralizar la alarma que habían instalado (lo que no pasa aquí no pasa en ningún lado) y recuperar efectivamente el uso del inmueble, convertido en una especie de estercolero. Seis años ha tardado -afirma- en poder entrar allí, siendo inútiles las denuncias interpuestas.

Ni un euro ha visto desde que hace años sus inquilinos decidieron dejar de pagar el alquiler (400 euros) para convertirse en okupas, unos okupas tan rumbosos que se van de veraneo a las Pitiusas. Descartado que vayan a nado hasta la costa ibicenca, parece probable que lo ahorrado en alquileres también les haya dado para el avión o el barco, además de para la estancia y el alterne. Es decir, que al final el señor de Mataró les paga hasta las vacaciones.

La izquierda, siempre tan tolerante, prefiere normalmente mirar hacia otro lado mostrando una conexión simpática con el fenómeno okupa, responsabilizando del mismo al capitalismo, los bancos, los fondos buitres, la avaricia de los ricos, la derecha y el resto de la retahíla de demonios que atormentan la sesera del progresismo mundial. Nunca a las mafias ni a los okupas.

Eso sí, cuando a un progre se le meten en casa, la cosa cambia sustancialmente y el tipo pasa a ser «un sinvergüenza, un jeta que no me paga». En España da la impresión de que los okupas tienen más derechos que los propietarios, sobre todo desde que las mafias que controlan ese cotarro se saben todas las triquiñuelas (las legales y las de los hampones) para que por fas o por nefas sea un tormento poder sacarlos de allí antes de un par de años.

No hay una cifra oficial pero se calcula que en España hay unas 100.000 viviendas ocupadas. El problema es serio por tanto, para todo el mundo menos para el Gobierno de Pedro y Pablo (¡Vilma, ábreme la puerta!) que no ve necesario cambiar nada.

Urge una reforma legislativa que agilice el desalojo y evite, por ejemplo, que cuando regresen del soleado veraneo ibicenco los okupas del principio no denuncien al señor de Mataró por allanamiento de su propia morada.

Es un contradiós que en España, tierra prometida de todos los asombros, para echar a los okupas de tu casa haya que convertirse en uno de ellos.

Álvaro Martínez ( ABC )