HAMBRE DE IDEAS

Estos días en los  que unos callan por vergüenza y otros por responsabilidad yo hago equilibrios en el alambre de la prudencia para no sumarme a los que gritan sus consignas sin conseguir que les responda ni el eco. Tenemos hambre de ideas y hay gente imaginativa a la que se le ocurren algunas que merecerían ser tenidas en consideración.

Por ejemplo la Secretaria de Estadio del Deporte, Irene Lozano, ha sugerido en una entrevista que de la misma forma que algunos empresarios ricos o menos ricos  están aportando recursos económicos para aliviar la situación que vivimos,  sería muy bien visto socialmente que los jugadores de fútbol, que es  uno de los deportes donde más se cobra, también aportaran dinero para ayudar en este momento.

¡Buena idea,  pero  hay muchas más!  porque  el otro día me llegó un video de un ciudadano que  proponía que los cargos públicos  fueran sometidos a un ERTE  por cese de actividad laboral y cobrasen solo una parte de su sueldo para que el resto de sus emolumentos y complementos fuesen destinados a las necesidades perentorias de los más necesitados de nuestro país.

El comunicante ignoraba que algo así solo puede hacerse mediante una ley qué deberían votar los concernidos por esta propuesta,  pero su idea sigue siendo buena porque  podrían donar voluntariamente esa parte  de sus ingresos que están cobrando sin ir a trabajar,  diputados nacionales y autonómicos,  senadores, funcionarios de alto rango y mayor sueldo.

Si en estos momentos de angustia y necesidad para  más de dos  millones de mujeres y hombres están perdiendo su trabajo a causa del cierre o inactividad de sus empresas tuvieran un gesto como ése,  darían un salto de gigante en la recuperación de la imagen pérdida.

Es un buen momento para que esos a los que se les llena la boca hablando de justicia social y solidaridad, se rasquen el bolsillo y demuestren que les importa la gente  que  les pagan el sueldo  y sus privilegios, con sus impuestos.

De Rey para abajo todos: ministros, diputados nacionales y autonómicos, senadores  altos cargos, asesores de lujo, alcaldes y concejales de ayuntamientos ricos, Presidentes de empresas públicas  y algunos mas que se me quedan entre las letras del teclado en el que escribo.

La lista puede ser muy larga pero también muy clarificadora de la dignidad y la generosidad responsable de quienes viven como privilegiados porque  a su trabajo – que ahora no realizan –   le hemos llamado servicio público.

Llevar adelante esta iniciativa  sería un gesto solidario y ejemplar en un tiempo en el que los únicos que tienen asegurado su trabajo y su sueldo son ellos.

No faltan ideas. A veces  no hay voluntad pero sobra postureo y verborrea.

Diego Armario