HAMBRE

Más allá de esta estafa que nos obliga a rebuscar de nuevo sucedáneos de argumentos épicos en el «fúrgol» -falsas pasiones con las que ejercitarse-, y más allá, también, de que la amenaza que se dejaron sin cumplir arruinó para siempre la reputación de estos profesionales de la intimidación -feroces cuperos incluidos pese a tanto nudillo tatuado-, en realidad supone un alivio encontrar a semejantes autómatas ideológicos el más primario de los rasgos humanos: el instinto de conservación.

Durante los años de plomo, ETA, una banda terrorista que inoculaba disposición ideológica a asesinar en un territorio próspero y libre, refutó el tópico marxista de que sólo el hambre engendra violencia. Los burguesotes del independentismo, con su estómago incapaz de soportar el rancho carcelario, con su aversión real al sacrificio de vidas y haciendas, con sus propias falsas pasiones pensadas sólo para ejercitarse, han devuelto prestigio a este axioma. Sobrados de ideología, les faltó hambre para la violencia y para desafíos al Estado con fuego real. Pase lo que pase, esto ya lo sabemos.

David Gistau ( ABC )

viñeta de Linda Galmor