HAY QUE DETENERLO

Resulta escandaloso, por inconcebible, enterarse con años de retraso de una traición obscena. La de un Presidente del Gobierno de España, que pacta a espaldas de navarros y el resto de los españoles con el separatismo vasco, la entrega de Navarra. Promesa de suspender la lucha contra el terrorismo etarra y el compromiso de suavizar, hasta su conclusión las actividades judiciales y policiales contra el crimen organizado.

Zapatero no puede irse de rositas. Un miembro de la Gendarmería francesa ha manifestado que por órdenes de Zapatero fue alertado un comando de la banda etarra que iba a ser detenido. Posteriormente, al no poder cumplir con satisfacción para los etarras sus compromisos abyectos, la ETA explosionó una bomba en la T-4 de Barajas, con un saldo macabro de dos muertos y decenas de heridos.

Aún así, las relaciones entre el Gobierno de Zapatero y los representantes etarras, de HB, Bildu, Euskal Herritarrok o como se llamaran en aquellos momentos, continuaron. Zapatero tendría que estar en la cárcel con pocas perspectivas de ser indultado.

Siguiendo sus huellas excrementadas, Pedro Sánchez ha decidido despreciar la voluntad popular de los navarros depositada en las urnas, y pactar con los separatistas Uxue Barcos y Asirón. Se sienten infinitamente más cómodos con los verdugos que con las víctimas. Abrazan a Otegui y desprecian a Ortega Lara, el superviviente del zulo de Mondragón después de 576 días de secuestro y torturas.

Establecen comparaciones miserables entre Vox y Bildu. Se lo ha dicho Carlos Herrera al ordenanza de Sánchez, Ábalos. Bildu como ETA ha matado y Vox no ha matado a nadie ni tiene intención de hacerlo. El PSOE de Zapatero ha sido heredado por el PSOE de Sánchez, y cualquier canallada pactada es posible.

No obstante, casi ocho millones de españoles han votado al PSOE de Zapatero, de Sánchez, de Otegui, de Urkullu, de Maduro, de Iglesias, de Echenique y de Soros. Son los mismos compartiendo una fiesta de disfraces. Y en las tertulias de televisión se sigue hablando de la exhumación de Franco, pero no de las traiciones, tardíamente desveladas, de Zapatero.

Y tampoco se habla de la indignación de la Fiscalía que acusa a la juez María Núñez de dilatar, hasta su prescripción, los ERE del PSOE en Andalucía. La Fiscalía denuncia y ella archiva los casos, porque más de un buen amigo está enfangado hasta el cuello. Todo lo que instruyó la juez Alaya lo está destruyendo sin que nadie le pida explicaciones, la juez Núñez.

Pero por graves que sean las indolencias y las suciedades que se traen los políticos entre bambalinas, lo de Zapatero tiene que pasar a ocupar un protagonismo en los espacios judiciales primero, policiales después y definivamente saltar a los ámbitos de los funcionarios de prisiones.

Una traición de esa índole, el amable compadreo de un Gobierno de España –por ahí se movió el maltratador de mujeres Eguiguren–, pactando con el PNV y la ETA la entrega de Navarra a la autonomía vasca, no es un asunto a archivar como el fraude del falso y ridículo doctorado de Sánchez o sus pactos puntuales para acceder al Gobierno con la ayuda de quienes no desean que exista el Gobierno de España porque la voladura de España es su único objetivo. Esta información verificada y publicada a destiempo es mucho más grave que cualquier tropelía discrecional.

Zapatero tendría que estar en la cárcel por traicionar a la nación que gobernó. En la cárcel por colaborar con un régimen torturador y asesino como es el de Venezuela. Un régimen que tortura, mata y roba. Zapatero haría bien en explicar los ingresos que ha percibido de Venezuela en los últimos años, y si no ha sido Venezuela el origen de esos ingresos, averiguar de dónde llegaron y quién ordenó su transferencia.

Sufrimos un Estado policial en lo que respecta a la fiscalidad y los impuestos, pero a estos nuevos millonarios no los inspecciona nadie, exceptuando si los sospechosos son del PP, cuyos corruptos han tocado todos barrotes de celda y los siguen tocando.

Pero que un Presidente del Gobierno de España –ay, Pachi López–alcance acuerdos con separatistas y terroristas para anexionar Navarra al País Vasco –su única opción para la autosuficiencia–, es una traición clamorosa, abyecta y villana.

En otro país, ya lo habrían detenido.

Alfonso Ussía ( La Razón )