¡ HAY QUE GANAR EL 1-O !

Tras cinco años de chulería y desacatos impunes por parte del nacionalismo secesionista, al fin ha despertado el Estado del letargo en el que sesteaba. Al fin han dado un puñetazo conjunto en la mesa los poderes Ejecutivo y Judicial, obligados a defender el orden constitucional, con el fin de parar los pies a los golpistas. ¡Más vale tarde que nunca!

Hoy es preciso aplaudir y apoyar sin reservas la actuación del Gobierno, asumiendo el control del dinero destinado a la Generalitat declarada en abierta rebeldía, tanto como la de la Guardia Civil y la Policía Nacional, cumpliendo con enorme profesionalidad las instrucciones de jueces y fiscales empeñados en impedir la comisión de un delito anunciado a bombo y platillo. Podría haberse hecho antes y también haberse hecho mejor, pero llegados a este punto no cabía sino emplear todos los recursos del Estado de Derecho, incluida la fuerza, para garantizar el respeto a la legalidad, sin la cual no hay democracia posible. La única alternativa era resignarse mansamente a dar por liquidada España, lo que habría equivalido a una traición en toda regla.

Los sediciosos pondrán ahora el grito en el cielo; se les da muy bien llorar. Tratarán de dar la vuelta a la realidad, presentándose como víctimas de un poder opresor, cuando llevan más de un lustro desafiando o ignorando las reglas de juego que permiten la existencia de sus instituciones autonómicas. Apelarán a sus aliados político-mediáticos, principalmente Podemos y sus televisiones altavoz, con el fin de sembrar división en el Congreso de los Diputados tanto como en la opinión pública. Redoblarán la presión ejercida sobre alcaldes, funcionarios (en especial Mossos d´Esquadra) y demás cómplices necesarios para la consumación del golpe, multiplicando las coacciones en un intento desesperado de someterlos por el miedo…

Pero sobre todo recurrirán a lo que recurren todos los movimientos nazi-fascistas, comunistas, populistas y totalitarios de diverso pelaje, ayunos de razón democrática: la calle. Es lo único que les queda. A falta de vía libre para celebrar su referéndum de autodeterminación ilegal, inconstitucional, contrario a la legislación de la Unión Europea e incluso a la doctrina de las Naciones Unidas, los golpistas llamarán a la “resistencia pasiva” de sus huestes, adoctrinadas y apesebradas durante décadas en el empeño de fidelizarlas. Su plan es crear un conflicto de orden público de tal gravedad que el Gobierno se vea obligado a dar marcha atrás. El del Gobierno no puede ser otro que aguantar el pulso, cueste lo que cueste. La legitimidad está de su parte.

 Aciertan quienes advierten que cuando despertemos el dos de octubre el problema seguirá ahí, como el dinosaurio del cuento, necesitado de solución. Su magnitud, no obstante, dependerá decisivamente de lo que haya sucedido el uno. Si ese día los golpistas consiguen cumplir su amenaza, colocar urnas y recoger votos, aunque sea en un porcentaje bajo, habrán conseguido tal fuerza que será imposible frenar su deriva hacia la independencia. El Estado de Derecho, en cambio, demostrará una vez más su impotencia.
Si, por el contrario, el 1-O se convierte en una gran frustración para los instigadores del golpe, porque los cuerpos y fuerzas de seguridad logran impedir que éste se lleve a cabo, será la democracia la que salga fortalecida del trance. Porque no solo será una victoria de España, del Gobierno y de los partidos que apoyan esta política de firmeza constitucional, esto es; PP y Ciudadanos, sino un motivo de peso para que el PSOE, hoy vacilante, bascule en la dirección correcta. A nadie le gusta apostar a caballo perdedor.
Isabel San Sabastián ( ABC )