HEINE, AQUEL RUISEÑOR ALEMÁN

En el atascamiento de Cataluña, el lenguaje es más que nunca un elemento mistificador, con inversión de significados. Se injurian unos a otros con los mismos calificativos: “golpista”, “fascista”.

Gabriel Rufián, al enterarse de que el Tribunal Supremo mantiene en prisión a JunquerasForn y a los dos Jordis ha tuiteado: “El fascismo nunca duerme”. En el combate entre Marta Rovira e Inés Arrimadas moderado por Jordi Évole, las dos luchadoras se acusaron de fascistas o golpistas. Los ciudadanos inteligentes sabrán a quién corresponden los agravios, porque las cosas están claras. Golpe de Estado es tomar el poder desafiando las leyes; y fascismo, un movimiento de extrema derecha nacionalista.

¿A cuál de las dos damas le sienta mejor el traje? Pablo Iglesias, después de una equívoca postura, reconoce ahora que los partidos independentistas han fracasado al prometer algo que ellos sabían perfectamente que era mentira. “Y quizás, sin quererlo, han contribuido a despertar el fantasma del fascismo”, añade. No aclara en qué parte de la contienda están los fascistas. Además, tampoco es seguro que los independentistas hayan fracasado. Es muy posible que el resultado del 21-D agrande la descalabradura a la democracia. Juan Carlos Monedero apoya a Iglesias en su veredicto: “Gracias a los independentistas se ha despertado la fuerza del fascismo en toda España”.

No sé si los dirigentes de Podemos han hecho un análisis atinado de que lo que significa el nacionalismo. Como son muy amantes de la poesía, sabrán lo que piensan los poetas de izquierdas, de ahora y de siempre. “¿Por qué me convertí en nacionalista?”, se pregunta el hombre de Brecht al que un oficial enemigo le hace bajar de la acera. Y se contesta: “Porque me tropecé con un nacionalista”. Los nacionalistas engendran sus propios enemigos, también nacionalistas.

Heine, que escribía en el periódico de Marx (“el ruiseñor alemán que hizo nido en la peluca de Voltaire“, según Menéndez Pelayo), confirmó esa idea de que los judíos son el antídoto del nacionalismo. Mucho antes de que llegaran los nazis, el poeta excelso avisaba: “Eso de Alemania… Alemania por encima de todo era una bastarda estupidez”. Tuvo que escuchar denuestos con olor a cerveza en los que le llamaban traidor. Luego estuvo en la lista negra de los nazis. En Los tejedores de Silesia describe a trabajadores ante el telar sentados. “Vieja Alemania, tu sudario helado/ Ya tejen en la sombra nuestros dedos […] Maldita nuestra patria también sea,/ Nuestra patria alemana, donde el cielo/ Cubre tan sólo oprobio, mal e infamias,/ Donde, al abrir sus pétalos al viento,/ Se marchita la flor, y sólo viven/ La lacería, el engaño, el vilipendio./ ¡Tejemos! ¡Tejemos!”.

Raúl del Pozo ( El Mundo )