HIJOS DEL ÉXODO

Informar sobre la inmigración no significa estar en contra. Ahora bien, cerrar los ojos a una evidencia, por mucha superioridad moral que se posea, es una solemne estupidez y no arregla nada. La cuestión migratoria es tan vieja como el hombre. En el fondo, todos somos hijos del éxodo.

Es consustancial al ser humano. Nadie se resigna a malvivir en una tierra a la que ni siquiera le preguntaron si quería venir. Pero las políticas de acogida no pueden estar basadas ni en el «buenismo» ni en la xenofobia. España es una de las fronteras más desiguales del globo terráqueo.

Y los españoles, como los italianos y los franceses, votamos con cierta impudicia a partidos que promueven medidas agresivas contra el extranjero, mientras se nos llena la boca con un doble discurso a favor de una integración sin reservas. La Europa acomodada y vieja necesita inmigrantes, y al tercer mundo le faltan esperanzas.

Deberíamos hacer algo más audaz y valiente que taparnos los ojos o ponernos estupendos a base de una hipocresía que no soporta enterarse de que miles de africanos llegan a nuestras costas.

El Astrolabio ( ABC )