HISTORIA DE UN CACHONDEO

En diciembre de 2015, el nuevo líder del PSOE, alto, fotogénico y experto en baloncesto, se escachufla en las urnas y logra lo que él celebra sin rubor como «un resultado histórico». En efecto, lo es: la peor cifra de la historia del PSOE, solo 90 diputados, veinte menos que Rubalcaba, que ya se había despeñado. Pero el candidato vapuleado sorprende manifestando que debe gobernar él, y no Rajoy, quien ha ganado superándolo en 33 escaños.

Hasta entonces, la norma no escrita en la democracia española era que gobernaba el más votado. Pero Sánchez se planta, firma un acuerdo con Rivera y logra forzar que el Rey lo proponga como candidato. Al final cae goleado (219 votos en contra-131 a favor) y se convierte en el primer aspirante a presidente tumbado en la investidura.

¿Qué hace entonces? Pues se empecina en un bronco «no» a Rajoy, el ganador de las elecciones, bloquea el país y acaba forzando nuevos comicios en junio de 2016. Un éxito: se queda en 84 diputados mientras Rajoy sube a 137. Pero no se amilana: «No sigue siendo no».

Los viejos budas socialistas (González y Rubalcaba), preocupados por la parálisis del país y temerosos de que Sánchez acabe pactando con los separatistas, fuerzan una maniobra para desalojarlo, que se ejecuta en septiembre de 2016. Con una voluntad de hierro, Sánchez recupera al año siguiente la secretaría general y retoma su obsesión: ocupar al poder, incluso sin haber ganado las elecciones.

El líder del partido con el mayor escándalo de corrupción de la España reciente (los ERE) se sirve de una sentencia contra unos alcaldes corruptos del PP, en la que un juez afín al PSOE añade una línea al dictado, y entre grandes aspavientos anuncia que Rajoy debe irse por corrupto. Para echarlo, teje una alianza entre bambalinas con los golpistas catalanes -a los que él mismo acaba de aplicar el 155- y con los populistas antisistema de Podemos y llega por fin a la presidencia.

Abril de 2019. Sánchez logra una victoria justilla (123 diputados), pero la vende como si fuese Carlomagno. Cánticos de «¡con Rivera no!» en los festejos de Ferraz, saludados con risitas de aquiescencia por el flamante ganador y su mujer. En julio intenta ser investido con apoyo de Podemos, PNV y ERC (Frankenstein 2). Para ello, oferta a Iglesias tres ministerios y una vicepresidencia.

Al tiempo, pide también a PP y Cs que le apoyen (gratis). Lo mismo le vale arre que so. Inexplicablemente, Iglesias no acepta. Agosto: si el mes anterior ofrecía ministerios a Podemos, ahora le oferta un cero patatero. En lugar de buscar acuerdos, se escaquea a Doñana a sestear.

Quiere otras elecciones, pues Tezanos le vaticina que en ellas logrará los votos que merece su augusta figura. Septiembre: Rivera, instalado en el «no es no» a Sánchez, hace una pirueta tardía de marketing y le ofrece apoyarlo si se compromete con tres exigencias constitucionalistas. Con jeta de acero inoxidable, Sánchez le responde que ya las cumple, cuando es falso. Gallinero total y elecciones en lontananza, cuartas en cuatro años.

Sánchez en estado químicamente puro. La historia de un cachondeo.

Luis Ventoso ( ABC )