Calvo Sotelo: 80 años de un crimen de Estado

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Calvo Sotelo: 80 años de un crimen de Estado.

La madrugada del 13 de julio de 1936 la guardia personal de Indalecio Prieto asesinó al líder de la derecha española, José Calvo Sotelo. Fue el crimen que precipitó el estallido de la Guerra Civil.

Este miércoles 13 de julio se cumplen ochenta años del asesinato de José Calvo Sotelo a manos de un comando policial-socialista, expresión que resume la situación en la primavera y el verano de 1936, pues para entonces los socialistas se habían apoderado de la Policía.

Desde hacía años, mandos policiales eran los que entrenaban en la Casa de Campo a las juventudes socialistas y los que permitían, alentaban y en ocasiones hasta dirigían las represalias contra los adversarios políticos de la izquierda.

La espiral revolucionaria de acción-reacción fue alimentada, esencialmente, por unas izquierdas cuyo frenesí criminal les condujo a terminar asesinándose entre sí. A los enfrentamientos entre socialistas y anarquistas, hay que añadirles los que se produjeron entre las dos alas del PSOE, los caballeristas y los prietistas; a estos les sucederían, ya en plena guerra civil, los que tendrían lugar entre comunistas y anarquistas, y más tarde, los de todos contra los comunistas. Los revolucionarios serían devorados por su propia violencia.

El asesinato de Calvo Sotelo no fue un hecho aislado, sino la culminación de un proceso al que una parte sustancial de la sociedad española asistía entre hipnotizada y aterrorizada. El gobierno que salió de las elecciones del 16 de febrero de 1936, estaba compuesto por unos republicanos que ya no eran los relativamente moderados del 14 de abril de 1931, sino los enfebrecidos radicales anticlericales cuya estabilidad parlamentaria dependía del apoyo que los comunistas y un PSOE bolchevizado le brindaban.

Cuando las izquierdas se proclamaron vencedoras en las elecciones del 16 de febrero, elecciones de las que jamás se publicaron los resultados oficiales, una aterrorizada derecha aceptó estos de forma acrítica aún a sabiendas de que podían ser falsos, porque cuestionarlos se hubiera entendido como una provocación que habría dado lugar a más violencias; y eso era a lo que más le temía la derecha: a la violencia.

Los nuevos gobernantes eran los incendiarios de iglesias, los que aspiraban a borrar toda huella de catolicismo de la sociedad española.

Los nuevos gobernantes del Frente Popular eran los golpistas de 1917, los de 1930, los de 1934; eran los incendiarios de iglesias, los que aspiraban a borrar toda huella de catolicismo de la sociedad española; eran quienes se habían sublevado contra la república porque la derecha había ganado las elecciones; eran quienes jamás habían respetado la legalidad, ni siquiera la suya propia.

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