EL UNIVERSAL HAWKING

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EL UNIVERSAL HAWKING

LA MUERTE de Stephen Hawking ha trascendido el ámbito de la ciencia para poner de luto a la cultura entera de nuestro tiempo. Pero si era excepcional que un astrofísico se convirtiera en vida en un icono popular, no deja de ser lógico que su desaparición haya cosechado una consternación igualmente universal. Cabe explicar la universalidad de un hombre entregado al estudio del Universo por su talla científica -sus descubrimientos sobre la radiación y la singularidad de los agujeros negros bien pudieron valerle el Nobel, pese a que no han podido ser probados con la tecnología disponible-, pero sobre todo por su coraje moral: sobrevivió 55 brillantes años al diagnóstico de ELA (esclerosis lateral amiotrófica) que recibió a los 21 años, junto con el desahucio. No se rindió: se impuso a la fatalidad. Pero además, conquistó la celebridad por su infatigable labor de divulgación, que entendía perfectamente compatible con la investigación académica.

Hawking bajó la astrofísica de su inalcanzable pedestal y la hizo inteligible al gran público sin traicionar el rigor propio de un científico puntero. Capaz de desplegar un carisma arrollador sin levantarse de una silla y hablando a través de un sintetizador, consagró sus esfuerzos a desmentir el prejuicio corporativo según el cual popularizar la ciencia comporta inevitablemente su devaluación. Y tenía razón. Son incontables las vocaciones científicas despertadas por sus libros y conferencias. Deja un ejemplo emocionante de superación y de amor insobornable al conocimiento.

El Mundo