LA GRAN NEVADA

grannevada

LA GRAN NEVADA

 Estamos de acuerdo en que pasar quince horas atrapado en una carretera en pleno invierno no es plato de gusto para nadie. Estamos de acuerdo en que unas autopistas de peaje por las que cada usuario paga un buen dinero deberían contar con un mantenimiento excelente. Y estamos de acuerdo, también, en que una sociedad que ha otorgado la gestión de casi todos los aspectos de su vida al monstruoso aparato del Estado cuenta, por lógica, con que ese Estado resuelva los imprevistos provocados por una nevada.

Pero quizá no estamos tan de acuerdo en que, a pesar de los múltiples avisos, a pesar de la alerta por mal tiempo en 38 provincias, a pesar del mínimo sentido común, haya quien se lance a la carretera sin cadenas, ni combustible, ni agua para culpar luego al político de turno.

Y decimos lo de ‘de turno’ porque los mismos que ahora piden dimisiones en Fomento o en la DGT (PSOE, por ejemplo) sufrían las iras de la oposición cuando ellos eran Gobierno y las nevadas eran ‘socialistas’. Las imágenes de Mariano Rajoy pidiendo la marcha de Magdalena Álvarez por la ‘supina ineficacia’ ante las inclemencias meteorológicas son hoy la anécdota que mejor define el sino de los políticos: ‘arrieritos somos, y en el camino nos encontraremos’.

La Gaceta