La perra de Sigmund Freud

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La perra de Sigmund Freud que acompañaba al padre del psicoanálisis en todas sus consultas.

Dicen que antiguamente la carne de los Chow Chow era muy apreciada en Mongolia. Un manjar exquisito que gustaba a mayores y a pequeños y que servía de plato principal cuando había algo que celebrar. También su piel estaba muy cotizada. Sin embargo, no fue eso lo que llevó a Sigmund Freud a hacer de Jofie su mejor aliada. La Chow Chow fue la segunda perra de esa raza que llegaba a la familia y algunos incluso recuerdan que le ayudaba en las terapias. Y precisamente por eso le gustó a Freud. La describía como inteligente, instintiva y algo independiente. Es probable que incluso se identificase con ella.

El creador del psicoanálisis fue pionero en el estudio de la mente y la conducta humana. La Sociedad Española de Psicoanálisis define esta técnica como «un método de observación e investigación de la mente, que trata de comprender y explicar su funcionamiento con la finalidad de conseguir unos objetivos terapéuticos para el paciente». Todo con la intención de estudiar y tratar los conflictos de los pacientes.

Los Chow Chow son una raza que debe ser socializada desde muy pequeña. Quizá lo mismo pensaba Sigmund Freud de los jóvenes a los que hacía referencia con el «complejo de edipo», que él acuñó. Niños que sentían, o sienten, poco afecto hacia la figura paterna.

Sin embargo, Jofie nunca demostró animadversión hacia su amo. De hecho en una entrevista declaró que le gustaba su perra porque a pesar de ser un animal salvaje, no tenía maldad. Y que las emociones que demostraba la Chow Chow con solo mover el rabo le producían positividad. A veces incluso le alejaban de esa realidad de la que otras veces huía consumiendo cocaína.

ABC

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