SI ME QUERÉIS, IRSE

lola

SI ME QUERÉIS, IRSE

MIRA que admiro a Arturo Pérez-Reverte, siempre en la brecha de dar la cara por la Real Academia más que muchísimos numerarios pacatos, agazapados tras la mata de lo políticamente correcto, con más miedo que siete viejas a señalarse. Mira que, hablando de lo políticamente correcto, le gusta a mi querido Arturo pisar y traspasar la segunda raya de picadores de la dictadura del progresariado y proclamar las obviedades que nadie se atreve ni a pensar, porque van contra los dogmas de la Nueva Inquisición de la Chusma y la Gentuza. Mira que está Pérez-Reverte a la que salta, ahora en el territorio comanche de las redes sociales, donde todos los días corta las dos orejas con lo que está tristemente ocurriendo en España: que la proclamación de la verdad, cuando no de la obviedad, se ha convertido en un acto heroico.

Pues bien, a pesar de todos estos pesares y que la RAE ha aprobado que como no hay casera se van, se van a tomar por saco formas del verbo «ir» que, aunque corrientísimas, quedaban por arcaicas, a Pérez-Reverte, así como a todos sus compañeros de la Real Academia Española se les ha ido la mejor. Si la RAE, Reverte dixit, es un notario de cómo hablamos, no un policía que te denuncia si no lo haces como debes (eso queda para los inquisidores de la igualdad de género, el racismo, la xenofobia, la homofobia y esos nuevos dogmas civiles), en esta ocasión se les ha ido la mejor, a la hora de poner al día la forma imperativa plural del verbo «ir».

Como una gran concesión (vamos, como al que le dan en su pueblo la exclusiva de venta de los BMW para los que viven de cobrar el paro), la RAE ha aceptado que junto con «idos» o «íos», la segunda persona del plural del imperativo de «ir» puede ser también «iros». A mí, la verdad, ese plural, más que al verbo «ir», me suena a río de la provincia de Cádiz. «Iros» me suena al plural del Iro, hermosísimo río que no sólo tiene la suerte de desembocar en la Bahía más hermosa de España, sino, encima, por un lugar que tiene un nombre poemático, que suena a verso de Pemán o de Alberti: Caño de Sancti Petri.

Hablando de caño: ¡caño con los académicos, que aprueban formas verbales imperativas sin consultar el verdadero Diccionario de Autoridades, el de la calle, y muy especialmente el del habla gaditana! En Cádiz desmontaron casi todas las industrias, y el Astillero está pendiente de que haya carga de trabajo de fragatas para la morería o no la haya. Pero la reconversión industrial no pudo con la principal fábrica de Cádiz y Jerez: la creación de lenguaje. Desde «liberal» a «pelotazo», aquello es una industria con una cadena de montaje de palabras ingeniosas y divertidas, en producción continua.

Y ese Diccionario de Autoridades, o por lo menos «El habla de Cádiz» de Pedro Payán, tenía que haber consultado la RAE a la hora de najarse, o sea, de irse a lo popular y callejero con el imperativo del verbo «ir». Y entre esas autoridades, con toda la gracia de Jerez, se les ha ido la mejor, la más auténtica, la más creadora de lenguaje: Lola Flores. Señores: antes que la RAE admitiera ese imperativo plural de «ir», Lola Flores ya puso en su DRAE particular la forma más correcta: no es ni «idos», ni «íos», ni «iros»; es «irse», a la gaditana. Lo proclamó el 25 de agosto de 1983 en la iglesia de la Encarnación de Marbella, cuando su hija Lolita iba a casarse con Guillermo Furiase y aquello estaba hasta la corcha, empetado.

Fue entonces cuando La Faraona, desde la alta pirámide de su gracia jerezana, dijo la frase que se les ha ido viva a los académicos. En esa bulla imposible, Lola proclamó: «Con tanta gente mi hija no se puede casar. Si me queréis, irse.» Pues eso debes decir a tus compañeros de Academia, Arturo querido: «Si me queréis reflejar cómo el pueblo habla, irse. Irse a consultar las obras completas de la gracia infinita de Lola Flores».

No pone esta vez D. Antonio Burgos su dedo en la llaga de la cuestión, en su artículo de hoy en ABC. Se queja, eso sí, de que la RAE no se ha dignado siquiera a consultar Diccionarios de Autoridades populares. Hombre de Dios: si no consultan ni el Covarrubias ni el María Moliner, ¿iban a hacerlo con otros de menor fuste? La cuestión, no obstante, sigue ahí: la RAE, desde hace ya algún tiempo, ni limpia, ni fija, ni da esplendor, limitándose a «aceptar graciosamente» las expresiones emitidas por un pueblo cada vez más deseducado, pues la LOGSE y la LOE hicieron estragos. La RAE, hoy en día, se dedica a raer el lenguajepara que no empiece alguien a decir que es una institución «achacosa e inútil» y que «Hay que lavala» (que dirían los de La Charanga del Tío Honorio). Algo así como «renovarse o morir».

Nada hace prever que la LOMCE del PP-de-Rajoy mejore la situación y los chavales seguirán saliendo de la escuela teledirigidos a una formación superior «sin zarandajas humanísticas». En una «educación» donde se posterga la filosofía y se eliminan las lenguas clásicas, nada va a impedir que en un futuro haya burros(humanísticamente hablando) con grado de Doctorado, más cercanos a los autómatas (con lo que gusta eso a las empresas, más cuanto más grandes son) que a las personas.

Ya he contado alguna vez cómo, en cierta ocasión, me vi apostrofado como «fascista ortográfico» por insistir en la corrección usual del lenguaje frente a una señora cuyo argumento máximo fue «yo escribo como me sale del alma» (hoy probablemente mencionaría una parte más inferior). Y bueno, porque le insistí también en que dedicara menos horas muertas a las redes sociales y más a estudiar la ortografía. En aquel entonces se me echaron encima y no tuve más argumento contra esa marabunta rugiente. Hoy sí. Hoy tengo a mano la frase del teórico marxista Gramsci, que murió en el seno de la Iglesia, para variar: «La primera perversión es la del lenguaje». Y la RAE se plega dócilmente a ese axioma, confundiendo al respetable, en el marasmo del descrédito general de la Cultura con mayúscula. «¿La curtura? Eso no sirve pa ná», que le podrían decir a D. Antonio en su querida Tacita de Plata

( El canto del Aguador )

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