Murcia y su historia

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Su origen se remonta a la conquista definitiva de la ciudad acontecida en 1266 por Jaime I de Aragón. Al sofocar la rebelión de los mudéjares murcianos el monarca tomó una serie de medidas, entre ellas la de abrir la calle hoy conocida como Trapería, una vía recta que diera salida desde la mezquita Aljama (actual Catedral) hasta la puerta del norte de la medina (Santo Domingo). En principio, los cristianos deberían situarse al oeste de esta calle, y los musulmanes al este. Sin embargo, se trataba de una solución que dio lugar a grandes problemas de convivencia entre ambas poblaciones étnicas, por lo que, al poco tiempo, Alfonso X decretó que los cristianos quedaran dentro de la muralla principal, y los musulmanes se trasladaran a las Arrixacas (arrabales).1
Este peculiar origen histórico hace que sea una calle recta que corta de norte a sur el entramado de la antigua medina musulmana de Murcia, diferenciándose del tradicional entramado urbano islámico, más irregular.
Su nombre se debe al carácter comercial de la misma, pues numerosos mercaderes malteses, genoveses y catalanes se establecieron en sus inmediaciones durante el siglo XIV. Tal vez por su relación con los viajes y largas distancias, en las cuatro esquinas (punto donde Trapería se cruza perpendicularmente con la Calle Platería) había un altar de piedra dedicado a San Cristóbal con una escultura de este santo, que subsistió hasta el siglo XIX.2
Desde la Edad Media su importancia la ha hecho testigo de procesiones de Semana Santa, Corpus, y demás celebraciones y desfiles. Durante el reinado de Isabel II la calle recibió la denominación de Príncipe Alfonso (en referencia al futuro Alfonso XII) y durante la II República la de Fermín Galán.

Pedro Poce

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