NO MERECE LA PENA ODIAR

puñalx

NO MERECE LA PENA ODIAR

Hace veinte años a los Bolinagas y compañeros de fechorías le salió mal la faena,porque lo que ellos realmente sabían hacer era pegar tiros en la nuca, que era lo más expeditivo, pero no consiguieron que se les muriera el hombre al que habían secuestrado y  mantenido 532 días encerrado en un zulo.

El carácter recio del burgalés, que no supo suicidarse pero que pidió que le mataran a los guardias civiles que le liberaron  creyendo que eran sus verdugos,  le permitió soportar lo insoportable y superar, años después, una deuda que arrastraba desde entonces.

Un día  José Antonio Ortega Lara se dio cuenta de que  quienes le torturaron no merecían que él  les siguiera odiando porque quien una vez te hizo mal en la vida no sufre con tu desprecio y ni siquiera sabe que le estás deseando que lo sodomice un orangután.

Siempre me llamó la atención la parsimonia de este hombre al que nunca se le ha escuchado elevar el tono de voz en público, y ayer coincidiendo con los dos decenios del día en el que  fue liberado dijo que el odio solo hace daño al que lo siente y no al que inspira ese sentimiento.

Yo he entendido esa frase como una reflexión filosófica y no religiosa porque, según los estoicos, no hay daño más inútil que el que uno se infiere a si mismo  alimentando ilimitadamente su deseo de venganza sobre otro.

Ciertamente yo no soy ni estoico ni burgalés y aunque estoy acostumbrado a respetar opiniones ajenas, muchas de ellas no las comparto, como es el caso, porque conviene mantener fresca la memoria para que algunos de esos  hijos de sus putas madres jamás sean olvidados, ni siquiera después de muertos, y mucho menos cuando presidentes de gobierno como Zapatero y Rajoy han jugado a una cierta amnesia táctica en virtud de la cual compensaba convertir en parlamentarios a los asesinos y en invisibles a las víctimas.

Fueron 532 días dentro de un zulo y yo recuerdo perfectamente la mayor parte de aquellas fechas y las imágenes de la liberación de Ortega Lara por la Guardia Civil,  porque por entonces mi trabajo consistía en contar lo que pasaba en este país en una época en la que algunos miserables y quienes aún hoy les jalean, todavía no estaban en las instituciones.

Lo único que ha cambiado es que hoy no hay una banda pegando tiros y secuestrando a gente inocente, pero entre tanto oportunista desmemoriado  creo que merece la pena hacer de vez en cuando un ejercicio para el recuerdo.

Dentro de poco comenzaran las vacaciones de los políticos y este país parecerá que regresa a la normalidad, porque hasta los profesionales del mamoneo que dicen preocuparse por nosotros desaceleran su ritmo de despropósitos verbales.

Ciertamente cuando llegan los meses de calor, bullicio y enmogollonamieno  nos dan un descanso, que es cuando yo aprovecho para vestirme de ermitaño, que no es tarea dificultosa para quien está acostumbrado a vivir en soledad  aunque a su alrededor haya más gente.

Diego Armario

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