Regreso a Paracuellos ochenta años después

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Regreso a Paracuellos ochenta años después.

Más de 4.000 personas fueron asesinadas en Paracuellos del Jarama por designio del Partido Comunista, que quería limpiar la retaguardia de Madrid de enemigos de la revolución. De las cárceles fueron sacados los presos y llevados a la muerte en expediciones perfectamente organizadas. Entre ellos, Pedro Muñoz Seca, abuelo de Alfonso Ussía, dramaturgo ilustre, español cabal, que está camino de la beatificación.

«Nos matan, nos matan». Pedro Muñoz Seca acaba de tener una breve entrevista con el director de la Cárcel de San Antón, el antiguo caserón del colegio de los Escolapios, reconvertido en prisión, que le confirma lo que ya todos sospechan. Que las órdenes de traslado a Chinchilla o a San Miguel de los Reyes son la contraseña que cubre la palabra «paredón». Es el 27 de noviembre de 1936, su juicio, farsa en realidad, había tenido lugar el día anterior. «Me lo podéis quitar todo, menos el miedo que os tengo», se le escucha decir al comediógrafo en la sala donde se celebra la vista. Pero, al final, al oír la sentencia, rectifica «No. Hasta el miedo habéis conseguido quitarme…».

Muñoz Seca afronta la muerte, que intuye próxima, como lo que es: un católico sin estridencias, padre de nueve hijos y marido enamorado. Su delito, ser monárquico, de derechas y ese inigualable sentido del humor que levanta ampollas en los soberbios marxistas, constructores del «hombre nuevo», ése que Muñoz Seca sabe, y lo cuenta, siempre será el mismo. No quiere, por supuesto, morir. Pero se resigna y se prepara. Esos días, con la maquinaria de asesinar puesta a toda marcha por la Junta de Defensa de Madrid, menudean las confesiones en las galerías, en el patio donde una vez gritaron y rieron los escolares y en las propias aulas, reconvertidas en celdas. Sacerdotes, desde luego, no faltan. Allí, con Muñoz Seca, están presos, entre otros religiosos, los hermanos de San Juan de Dios y los 55 frailes agustinos de El Escorial, los que fueron profesores de Manuel Azaña y por quienes el presidente de la República no ha movido un dedo.

Alfonso Ussía, su nieto, que ha investigado a fondo la vida y, sobre todo, la muerte de su abuelo, supo de su serenidad y hombría de bien por quienes compartieron con él la prisión.

http://www.larazon.es/cultura/camino-con-ademan-tranquilo-hasta-el-peloton-DE14014733

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