EL HOMBRE…O LA MUJER QUE FLOTA

Si existe una situación que me provoca un alipori  insufrible es  ver a un  periodista haciéndole la pelota a un político, porque lo mínimo que  hay que exigirle a quien se supone que debe escribir con la independencia que da la distancia,  es que guarde las formas en público y reserve su entusiasmo falocrático para cando nadie le esté observando.

El otro día en una entrega de premios – en la que por otra parte tuvieron el mal gusto de no darme ninguno, aunque tampoco era candidato, pero habría agradecido que me sorprendieran-  presencié cómo una colega sacaba a pasear la lengua de la adulación con uno de los nuevos cargos gubernamentales que asistía aquel acto.

Todo su entusiasmo transcurría por la ruta de la corrección hasta el momento en el que decidió dar un doble salto mortal y no tuvo más remedio que empezar a poner a parir a sus compañeros de oficio y de empresa, festejando la llegada al poder de los verdaderos defensores de la libertad de prensa.

En este trabajo nos conocemos todos,  aunque  entre bomberos existe la costumbre de no pisarse la manguera, tuve la sensación de estar siendo testigo de un momento poco edificante, menos digno y además… gratuito por innecesario.

En los años que llevo en este oficio he visto de todo y ya no me sorprendo de nada, pero lo que me resulta más incomprensible es la adulación al poderoso  cuando se apoya en la descalificación del ausente.

Con frecuencia se dice que eso forma parte de la condición humana aunque yo disiento, porque conozco a bastantes mujeres  y hombres muy dignos que no necesitan arrastrarse para sobre vivir, aunque también es cierto que cuando esa condición es de mala calidad  no hay quien impida que algunos, chapoteen en el  baboseo.

Por si no lo saben les voy a informar que cuando cambia el gobierno surge una plaga de corchos que a veces son tan insanos o las que las medusas que estos días pueblan algunas playas de Málaga.

El corcho siempre flota, jamás se hunde, va de un lado a otro impulsado por la corriente, y donde mejor subsiste en entre aguas fecales.

Les propongo un sencillo ejercicio de observación, aunque yo apenas lo hago porque me aburre mucho, no me aporta nada y, como soy del oficio me los conozco todos  “y a todas”.

Observen durante unos días las tertulias políticas y verán qué poco tardan algunos en hacerle felaciones mediáticas a los nuevos miembros del gobierno,  cuando hasta hace unos días trabajaban con entusiasmo o para darle placer a los que hoy pelean por suceder a Rajoy.

Como diría la Duquesa de Alba en sus años mozos “Que pasen los periodistas y que les den de comer”

Diego Armario