HOMBRE, POBRE, COCHE DIÉSEL

“…No tengo coche, que para mí es un gesto de militancia de izquierdas”. Los gestos, los indicadores de virtud, el exhibicionismo moral. Está ahí todo, en esa frase de Bob Pop, en la entrevista de la contra de ayer. Me parto con la izquierda sin coche militante. Parte del actual proletariado está compuesto de comerciales a comisión, repartidores de multinacionales, conductores de alternativas al taxi, albañiles de furgoneta compartida, gente de malvivir que tiene en el coche una herramienta de trabajo, pobres que no habitan un ático pequeño, mono, en el centro para ir en patinete, bici verde inglés plegable o transporte público.

Padres que viven más allá de las rondas de autovías de las ciudades porque han pensado que más vale dormitorio amplio que localización, como vieron Pablo Iglesias e Irene Montero. Cuando se toma esa decisión, con libertad y consecuencias, se intuye la rabia que dará olvidar la mantequilla en el Mercadona: tendremos que volver a por ella en coche, diésel, de segunda mano, 90.000 kilómetros, cuota asequible. No llevamos el coche como etiqueta, como los dueños de los más caros híbridos, conductores que nos desprecian en la gasolinera. Diésel, qué espanto.

Priorizando, recortando, eligiendo nos da para una educación extra de calidad en el oasis socialista andaluz, donde los cambios de gobierno se celebran con juergas en puticlubes con dinero público de los parados. No tenemos todavía para el Tesla enchufado a una gasolina solar, mucho menos los que nos ha dado por la rareza de las familias numerosas, a un paso de la etiqueta de ultraderecha.

Gobernar también es priorizar. La ministra Ribera podría haber decidido cortar emisiones a lo bestia apostando por la nuclear, pero va a cerrar centrales (¿también por franquistas?) y ha preferido señalarnos a los conductores de diésel. Ella apostará por opciones mucho más vendibles a Évole. Sólo espero que no nos cuesten tantos millones de ayudas públicas como Isofotón, aquella fábrica de paneles solares en Málaga, inaugurada por los Reyes, regada de subvenciones de la Junta, donde recaló la ministra en 2012 como directora de estrategia. Hoy es un cadáver liquidado en lotes.

Ribera amplía el abanico de Calvo que señala a los malos: hombres, pobres conductores de diésel. También a las mujeres que están en paz con ellos. Nunca ser punky malota fue tan fácil. La contracultura en mi volante diésel.

Berta González De Vega