HORARIOS

La vida es, entre otras cosas, la escasez del tiempo que mal administramos. Cuando uno quiere sobreponerse a ese prosaico discurrir cotidiano es en el momento justo en que considera que el tiempo no puede comprarse en mezquinas unidades.

Las horas del reloj, en realidad, son como escribió Baroja, el tiempo que nos mata poco a poco. Ahora los burócratas de esta revolución liberticida con la que nos arrasan los populismos en sus más variadas expresiones, Sánchez incluido, quiere que nos acerquemos más a los mundos de Orwell y Huxley, ofreciéndonos felicidad artificial a cambio de control.

Lo quieren saber todo de nosotros aunque no saben muy bien para qué les sirve. El Big Data al poder, aunque no sepamos para qué. Esto de fichar y controlar nuestras horas de permanencia, que no de efectividad, en el trabajo es cavernícola y casposo, antiguo e ineficaz.

Pero no importa, ellos abanderarán la negación de la realidad. Nos hablarán de progreso los que solo ofrecen la involución, pero se llamarán a sí mismos progresistas. La vida es tiempo, el tiempo que pasa y el fichero que nos hace un poco menos libres.

El Astrolabio ( ABC )