Antes de que el Ministerio de Educación prohíba terminantemente estudiar lenguas muertas; ahora que ya algunos estudiantes de bachillerato creen que el año XL de Roma no fue cuando comenzó a prepararse la conspiración que concluiría con el asesinato de Calígula, sino que el año XL de Roma fue el año en que comenzaron a llevarse las túnicas grandes y holgadas -las túnicas XL-, recordemos que Hosanna significa en hebreo «Salve» y puede emplearse como júbilo, pero también con el significado de piedad.

Es indudable que, en la representación que contemplamos en el Congreso de los Diputados, la intención es de salutación gozosa. Escribo «representación» porque hubo un ensayo previo, con luces y vestuario, en el Palacio de la Moncloa, antes del Consejo de Ministros, y quedó tan perfecta en la grabación que se decidió que el estreno se celebrara con afluencia de todos los cofrades, pese a las elementales normas que los demás grupos parlamentarios han cumplido ejemplarmente, pero ya se sabe que una cosa es dictar normas y otras aplicárselas a sí mismos.

El ¡Hosanna, Pedro! se tradujo en una ovación satisfactoria, donde se vislumbraba que el fantasma de los ERTE y los ERE, debido a un adelanto electoral, parecía alejarse de los diputados socialistas. Y no voy a quejarme porque cuando firmé la hipoteca mi mujer no me aplaudió y, en cambio, me preguntó si llegaríamos a fin de mes después de pagar cada plazo, porque el concepto de la economía es diferente para un político profesional que para los ciudadanos que les pagamos el sueldo.

Algunas veces, en un rasgo de sinceridad, ya nos han dicho que el dinero que se recauda a los contribuyentes con los impuestos no es de nadie, y de ahí que la hipoteca que firmó Pedro, en nombre de España, no les suscitó la menor preocupación; antes, al contrario, les produjo un sentimiento de júbilo.

Y, a este otro lado de la sociedad, también decimos ¡Hosanna, Pedro!, pero en su acepción de piedad.

Piedad, Pedro, por las quince autonomías que no chantajean al Gobierno para asistir a una reunión, ni amenazan con quebrantar la Ley, ni se creen superiores a los demás.

Piedad para los cientos de miles de trabajadores que se van a quedar sin su empleo, cuando se cierren sus empresas, o disminuyan sus plantillas, o quede asolado el sector en el que cumplían su actividad, como ya es el turístico.

Piedad para esas familias, donde si los abuelos no han fallecido por el virus en la más vergonzosa soledad, volverán a repetir las experiencias de la crisis del 2008, cuando las parcas pensiones de los jubilados mantuvieron a la familia en la frontera de la miseria, pero llegaban al mendrugo de pan.

Piedad para millones de españoles que no sienten motivos de aplaudir, porque piensan, legítimamente, que este Gobierno legítimo les desprecia con mentiras permanentes y piensa más en su permanencia que en gobernar.

Hosanna, Pedro, y ojalá la piedad que no tiene con muchos de nosotros la tengan con usted, porque no es necesario ser creyente para saber que, siempre, siempre, a veces en más de dos ocasiones en la vida de cada cual, después del Domingo de Ramos llega el Viernes Santo, con su dolor y su soledad, cuando las ovaciones ni siquiera son un eco lejano que pueda advertir la carne mortal.

Luis del Val ( ABC )

viñeta de Linda Galmor