HOY, SÍ ES EL DÍA DE LOS POLÍTICOS

Sería un error que nuestros políticos desaprovecharan el indudable eco que ha tenido este año la celebración del Día de la Mujer, dejando que se pierda la fecha en el calendario sin abordar, al menos, las medidas correctoras más urgentes de la brecha de género que existe en nuestro país. Tal vez, el seguimiento práctico de la huelga no haya sido tan mayoritario como esgrimieron los sindicatos convocantes ni el ambiente ciudadano, similar al de cualquier día normal, haya reflejado la preocupación existente en amplias capas de la sociedad por la persistencia de unas desigualdades entre las condiciones sociales y laborales de hombres y mujeres, que, pese a los indudables avances que ha traído la democracia a España y la extensión del Estado de bienestar, no acaban de colmarse.

Lo cierto es que la jornada de ayer, con su gran impacto mediático y su asunción reivindicativa por parte de la mayoría de las instituciones públicas y asociativas españolas, ha permitido poner rostros y cifras, dimensionar, en suma, el alcance del desafío. En este sentido, no está de más recriminar a determinados partidos políticos, como Podemos, y a ciertas organizaciones feministas radicales su tendencia a la desmesura y a la falacia a la hora de pintar la realidad, como si los ciudadanos no fueran perfectamente conscientes del país en el que habitan y no tuvieran en sus propios círculos familiares, laborales y sociales suficientes referencias directas del problema en cuestión.

Con su sobreactuación y con la mixtificación puramente ideológica de conceptos que son trasversales y a todos competen, los populismos caen en la caricatura y proporcionan argumentos a aquellos sectores de la sociedad, que los hay, interesados en que nada cambie, especialmente porque supone mantener una bolsa de mano de obra barata, sin aspiraciones viables de superación y condicionada, en el mejor de los casos, por la necesidad de completar los ingresos familiares. De la misma manera, tampoco es lícito despachar un asunto de tanta importancia como el que nos ocupa con los socorridos recursos declarativos, meros brindis al sol, que remiten al mundo de las buenas intenciones.

No. Nadie, desde una mínima honradez intelectual puede negar la complejidad del problema y la dificultad del empeño, pero hay que dejar de escudarse en la venteada búsqueda de soluciones globales y el voluntarismo sin plazos, es decir, en las grandes palabras, para aplicar medidas que son de sobra conocidas, han sido probadas como eficaces en otros países de nuestro entorno y no suponen desiderátum presupuestario alguno, sobre todo si se implican las administraciones públicas en todos sus niveles. Ciertamente, parece muy agradecido electoralmente cargar contra el Gobierno de turno, mientras se reclaman actuaciones que rozan lo imposible, pero sería mucho más útil a las mujeres si ayuntamientos como los de Madrid, Barcelona, Valencia o Zaragoza, que blasonan de feminismo, crearan una red de guarderías infantiles accesibles a las mujeres con menores recursos, pero, también, con la suficiente flexibilidad horaria para que formar una familia no suponga una mayor carga en el desarrollo laboral.

Lo mismo reza para la formación profesional continuada, las ayudas al cuidado de familiares impedidos o enfermos, tarea que recae fundamentalmente en la mujer, o extender el parque de viviendas de alquiler. Incluso habría que estudiar si el modelo de subvenciones dispersas para asociaciones sociales supuestamente dedicadas al apoyo a las mujeres debería cambiarse por otro que aborde directamente los problemas directos a los que se enfrentan las trabajadoras. El 8 de marzo de 2018 ha supuesto un aldabonazo. El 9 de marzo deber suponer el comienzo de la acción.

La Razón