EL PROBLEMA DE SER DIOS

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EL PROBLEMA DE SER DIOS

Se ha puesto muy difícil eso de creer en Dios porque si fuera cierto que es como nos cuentan los expertos en la materia, no hay quien entienda cómo ha podido salirte tan mal su obra cumbre que, según parece es el hombre, y aquí incluyo a la mujer , no por atenerme al insoportable lenguaje de ideología de género que convierte en mal hablantes a gente razonablemente leída, sino porque ser una mala persona no es exclusivo ni excluyente.

Se dice que Dios cuando hizo la creación pensó que le había salido demasiado redonda y decidió introducir algunos elementos que distorsionaran su obra para adaptarla a la imperfecta condición humana.

Aunque no existen datos que acrediten que jamás lo haya reconocido, el primer descubrimiento que hizo el todopoderoso fue que ser buenos nos resultaba muy aburrido y por eso nos dejó a mano la válvula de escape del pecado con la salvedad de que nos perdonaría cualquier desvarío si nos arrepentíamos.

El truco estaba en hacernos rehenes de su perdón y por eso también nos dotó de la condición de reincidentes para que regresáramos a su kiosko de vez en cuando a decirle que lo sentíamos.

Tengo para mí que el creador empezó a aburrirse demasiado pronto y para salir de esa sensación insoportable para alguien que lo puede todo comenzó a jugar con sus criaturas y descubrió lo divertido que le resultaba crear incertidumbres.

Para empezar fue el primero en establecer lo que algunos creen haber descubierto ahora con la tan manoseada teoría de la diversidad, y comenzó por hacernos tan distintos a unos de otros que planificó el conflicto como base de la relación entre los humanos.

Podía haberse conformado con hacernos a unos inteligentes y a otros algo tontos, guapos y menos agraciados, simpáticos y siesos, seductores y pagafantas, pero no. Tuvo que dar una vuelta de tuerca porque para eso era Dios y podía hacer lo que se le pusiese donde fuera – lugar que no puedo concretar porque al parecer es incorpóreo -, y añadió a su lista de singularidades la versión del hijoputa, y ahí tengo que reconocerle su acierto porque se superó al situar en el planeta tierra y a lo largo de todas las generaciones personajes con ese ADN.

Intuyo que esa fue una de las cosas que más le divirtieron de su creación porque debió pensar que no existe nada más aburrido que una sociedad abarrotada de gente buena , así que distorsionó el equilibrio para que tuvieran más mérito los cumplidores de la ley.

A bote pronto se me ocurre una pega, porque si quería introducir elementos de conflicto podía haber puesto el énfasis en los pecadores más ocurrentes que, por simbolizarlos en dos figuras de consenso son los que bebedores y los folladores de ambos sexos, gente divertida que para disfrutar no necesitan hacerle daño a nadie.

Pero quién soy yo para darle pistas a Dios sobre cómo debería haber hecho las cosas aunque reconozco que me fastidia que no se le hubiera ocurrido esa idea, porque si pienso que se le pasó por la cabeza y la desechó es para dejar de creer en su perfección.

La clave de todo el conflicto al que asistimos atónitos está en la cantidad de gente aburrida que puebla el planeta porque no saber qué hacer a veces resulta peligrosamente creativo sobre todo si se posee mucho poder.

Los poderosos que tienen más instrumentos en sus manos que ideas en la cabeza acaban creyéndose que son dioses, dueños de vidas, haciendas, libertades, sentimientos y dignidades.

Pero ya ven : hoy me ha dado por pensar unas cuantas modificaciones que se le podrían hacer a este jodido mundo y al personal que lo habita pero no teman porque solo soy un descreído que escribe cosas como éstas en el calor de la noche mientras los malos duermen en la misma cama que el miedo.

Diego Armario

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