EROTISMO Y ACOSO

mujertumbada

EROTISMO Y ACOSO

Van sumándose voces contra el MeToo. Ayer fue Bibiana Fernández, por ejemplo. Son personas (valientes) que en España apoyan, al menos en su intención, el manifiesto de las mujeres francesas.
En el libro de Pascal Bruckner que citaba el otro día había algo maravilloso sobre las diferencias entre Francia y Estados Unidos, diferencias que el feminismo ayuda a subrayar.

La pasión común por la igualdad (de sexos en este caso) en Estados Unidos tomaba un cariz pleiteador, “una codificación maniática” de las relaciones entre sexos, desconfiada, hostil. Una igualdad que desunía, que desvinculaba. En Francia, sin embargo, aun se podía apostar por una igualdad que llegara por la semejanza y la aproximación. Ese espíritu estaba detrás de aquel manifiesto.

Lo que Francia, su orgullosa cultura, podía aportar era una tradición erótica. El erotismo como forma de relación, el lenguaje de la seducción.
Esto es lo que el feminismo radical no entiende, ni quiere entender. “La dimensión simbólica del erotismo”.

En España empezamos a ver la traslación de ese modo histérico-americano en el intento de regular las relaciones entre sexos. Ya no es la violación, es el acoso. Pero no el acoso circunscrito a un ámbito laboral donde desde hace tiempo se reconoció como instrumento de presión o de abuso. No, el acoso como amenaza latente en cualquier forma de relación hombre-mujer. Como todo lo previo a la violación, como la latencia de todo acercamiento masculino. El preámbulo potencial de la violación. Esto recoge el caudal sectario de cierto feminismo de los 60 y 70, que veía en la misma erección masculina un hecho violento.

El problema de este entendimiento del acoso es que, por un lado, resigna a la mujer nuevamente a un papel de víctima y debilidad, y además propone una nueva regulación de las relaciones entre sexos. En ellas entraría el derecho, la política y la ley. De otra forma: el Estado-de-derecho y los partidos. Surgirían gestores del asunto. Igual que ya hay quienes validan un cuerpo y desautorizan otro (Pedroche vs grid girls). Se criminaliza el eros masculino y se pone bajo sospecha la relación heterosexual y esa tradición de trato y acercamiento se sustituye por una nueva codificación política.

Porque a esto quería llegar. Es una tradición lo que está en juego. Un conservadurismo de la relación erótica, del trato entre hombre y mujer. Un ámbito informal, sin palabras, arriesgado, potencialmente oscuro o gozoso, exclusivo, público e íntimo, en el que la mujer tenía un poder reconocido y natural. Sustituir esa tradición de acercamiento y seducción por una nueva regulación que parta de la explicitación del consentimiento y de su mantenimiento a lo largo de la relación es un paso revolucionario. Se ha llegado a pedir un replanteamiento de la relación sexual hombre-mujer sobre nuevas formas contractuales.

El efecto es puritano, lleva el sexo a un lugar polémico y conflictico, casi victoriano. Pero es puritano porque es la forma en que el puritanismo anglosajón asumió el feminismo. Con una necesidad de formalización, de expresión y transparencia. También el feminismo debería suavizarse en un entorno católico y mediterráneo.
Trasladar esto a un país como España además de difícil es un delirio. Y se enfrenta, como muchas otras de estas aventuras políticas, a la tradición. Pero no a una tradición cualquiera, quizás a aquella a la que más importancia damos.

El erotismo, “una especie de erotización superficial pero sin intencionalidad erótica”, está en la forma que tienen hombres y mujeres de relacionarse. El erotismo, la amistad erótica, la sentimentalidad erótica es la inclinación inevitable que nos acerca. Las miradas, la mera inclinación, la forma de tener en cuenta al otro, es un inmenso juego de relaciones que nos aproxima. Es un mundo potencial, microscópico, casi como la vida celular o subatómica. Es un mundo complejo, bullente, inexplicable, que nos acerca a hombres y a mujeres y que se ha venido regulando solo y conformando durante siglos.

Con todos sus problemas, ha venido siendo la forma de relacionarnos, de acercarnos. Esto que proponen ahora parte de separar sexos, de una extraña segregación que además victimiza de raíz a la mujer.

Huhges ( ABC )