HACIENDO AMIGOS

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HACIENDO AMIGOS

Hace muchos años que me retrato ante quienes me leen y ese es un ejercicio que sirve para participar activamente en la vida social, cultural y pública de un país en el que demasiada gente prefiere actuar como la vieja del visillo, popularizada por José Mota, o viendo los toros desde la barrera, como los aficionados del tendido del 8 en Las Ventas.

Esa es una opción legítima pero poco audaz porque quienes así se comportan son tan volubles como las circunstancias les sugieran,  y tengo en mi memoria más de un ejemplo de gentes de mi oficio que callaron como putas o se sumaron al elogio del poder cuando querían conservar su empleo,  y ahora que ya no arriesgan nada escriben tuits como verduleras porque utilizan más insultos que argumentos.

Como ven, lo mío no es ir haciendo amigos.

En estos tiempos en los que cualquier inútil e indocumentado se envuelve en una bandera de reciente diseño y quema otras hechas con historia, sangre, sudor y lágrimas, lo fácil es subirse a la ola del despropósito en la que se mezclan supuestos independentistas que apenas hablan el castellano y chapurrean cuatro palabras en catalán, sin quitarse el turbante ni cerrar la mano para cobrar el subsidio que les pagan por su nueva fe.

En esa misma ola hacen surfing los antisistema que no creen en ninguna causa, ni siquiera en la que ahora apoyan porque les da la oportunidad de montar follón, no pocos charnegos escasamente leídos y delincuentes que robaron a los catalanes  y sueñan con una justicia patriótica que les indulte.

He dejado para el punto y aparte a los catalanes independentistas por convicción y sentimiento.  Hombres y mujeres que aspiran a una patria nueva y que jamás creyeron en la que los libros y la historia acreditan que siempre fue suya. A éstos, entre los que tengo a algunos amigos y buenas amigas, mis respetos, porque los  sentimientos individuales no pueden ser objeto de negociación.

Sin embardo me cuesta creer que les resulte indiferente lo que está haciendo su gobierno y su parlamento, porque cuando se tienen convicciones democráticas y autoestima por un proyecto, no es posible que estén satisfechos con las ilegalidades y abusos de poder que están cometiendo los delincuentes que hoy les gobiernos desde la Generalitat y les representan desde el Parlamento..

Tampoco creo que se sientan bien con la compañía que les han organizado para esta etapa, ni creo que les enorgullezca que un terrorista como Arnaldo Otegui, miembro de una banda que asesino a 64 catalanes e hirió más de 100  en 26 atentados, se recibido como amigo por quienes les gobiernan.

En Cataluña hay mucha gente honesta, culta, solidaria y con convicciones democráticas, que quieren la independencia pero no de esta forma chapucera e ilegal ni con algunos compañeros de viaje  que han surgido en otros lugares de España,  que más que hacerles compañía forman una comparsa que desprestigia su proyecto,  porque para  apestosos y rufianes ya tienen suficientes allí.

Diego Armario