EL HIJO DE PUTA ¿ NACE O SE HACE ?

hp

EL HIJO DE PUTA ¿ NACE O SE HACE ?

He leído que un tipo ha torturado durante horas hasta la muerte a una niña de ocho años en Sabiñanigo. Hay madres que dejan a sus hijos dentro de un coche cerrado a pleno sol mientras están de compras o de copas en un bar, y ayer mismo la policia foral de Navarra impidió que una mujer embarazada de ocho meses corriese en el encierro de San Fermin delante de los toros.

No voy a referirme en esta relación de ejemplos de tipejos a quienes pegan a sus mujeres, a los Chapotes que dispararon en la cabeza de los Miguel Ángel Blanco o a los ciudadanos y políticos que justifican los asesinatos de jóvenes, perpetrados cada día por miembros de la guardia bolivariana.

Tampoco merece la pena que cite a la gentuza con o sin acta de parlamentario que jalea a la chusma de su misma especie que niega un minuto de respeto o una frase de compasión a los que han sido victimas de la violencia. No merece la pena porque ellos se saben indentificar y todos saben quiénes son.

No pretendo señalar con el dedo a nadie porque a ellos les agrada exhibirse y no precisan que se les haga promoción.

Hoy estoy en la reflexión filosófica más que en la crítica moral y por eso me hago la pregunta con la que titulo este artículo sobre si los hijos de puta nacen o se hacen, y la verdad es que tengo dudas porque la herencia genética tiene mucho que ver en el desarrollo de la ausencia de empatía frente al dolor, pero también existen casos históricos e incluso ejemplos contemporáneos en los que algunos hijos de personajes notorios han superado en maldad e indecencia a sus progenitores.

No siempre se cumple esta regla porque a veces surgen mal nacidos de padres decentes con lo que la respuesta a la pregunta que he planteado no es unívoca y, como diría un gallego…”depende”.

La maldad únicamente puede existir en los seres humanos porque solo es perverso el que tiene conciencia del daño que provoca o quiere inferir a los demás y por eso son incapaces de sentir la mínima empatía con el que sufre. Su atracción fatal está dirigida hacia los que son tan despreciables como ellos.

En cualquier caso sigo sin tener clara la respuesta sobre cómo se convierte un ser inocente en malvado, y me gustaría apostar por la esperanza de que el virus de la indecencia moral no esté en el aire que respiramos.

Diego Armario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*