JUEGOS DE PALABRAS

donquito

JUEGOS DE PALABRAS

Corren unos tiempos en los que mucha gente habla a golpe de twit y ni siquiera se esmera en hacerlo bonito.
Sólo buscan ser ocurrentes o faltones, pero la necedad que les envuelve no les faculta para expresarse con la corrección adecuada ni aún menos con la belleza del idioma en el que escribió Cervantes.

Los nuevos tiempos han socializado la ignorancia y el mal gusto, y hasta la gente principal ha dejado de hablar y de escribir como es menester, porque expresan sus ideas a borbotones y sin la parsimonia de la reflexión elaborada. Claro que yo llamo gente principal a quienes lo son por el cargo que ostentan aunque jamás lo serán por la cultura que nunca tuvieron o siempre despreciaron.

Los buenos parlamentarios solo se encuentran en las referencias que hacen de ellos los libros de historia escritos después de que dejaran de matarse civil o fisicamente unos a otros, mientras vivieron.
Algunos oradores de nuestras cámaras legislativas a veces hacen que se nos indigesten sus palabras porque, independientemente de su contenido, sus formas atentan contra el bien hablar de un idioma que en ocasiones resulta mucho más bello cuando se lo escuchamos o leemos a campesinos o intelectuales de América Latina.

Por eso yo abogo por la recuperación de unas formas de lenguaje olvidado que sigue estando plenamente vigente en el castellano que compartirnos quinientos cincuenta y nueve millones de personas en todo el mundo.
Hay palabras que tenemos olvidadas, palabras que hermosean y seducen, sugieren e inspiran pero siempre perviven en el tiempo, aunque muchos desconozcan su existencia y su valor.
Regresemos a esas voces y volvamos a utilizarlas.

No nos entenderán los iletrados y mangurrianes que aposentan sus reales en escaños o salas de consejos.

Tampoco conseguirán imaginar de qué hablamos, o que lo hacemos al bultuntún, los que sólo saben de números y tienen extraviado el sentido y el alma de nuestro idioma.

Pensarán que somos como los brujos de la tribu empecinados en salvaguardar enigmas indescifrables.
No nos echarán cuenta pero los errados serán ellos y los disfrutones nosotros.

Diego Armario

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