LA CLARIDAD ES LA CORTESÍA DEL FILÓSOFO

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LA CLARIDAD ES LA CORTESÍA DEL FILÓSOFO

Esto tiene una lectura inquietante: que el totalitarismo puede ser compatible con una democracia formal. Porque ¿de qué sirve que haya partidos políticos si todos están adscritos a la Ideología Única, es decir a la Ideología de Género?; ¿de qué sirve que haya pluralismo informativo, si prácticamente toda la flota de papel y audiovisual está subvencionada por los lobbies LGTB (con la excepción de algún submarino de bolsillo como éste que estás leyendo)?; ¿de qué sirve la separación de poderes si hasta el judicial -que, a la postre, es el más temible porque te puede meter en la cárcel- dicta sentencias con “perspectiva de género”, como acaba de decir explícitamente la jueza canaria Gloria Poyatos al conceder una pensión de viudedad a una mujer, a pesar de que todas las denuncias de malos tratos que presentó contra su ex marido fueron archivadas?

No hay orden de la vida privada y los usos sociales que escapen a la dictadura del Género. Lo cual convierte a las palabras “democracia” y “Estado de derecho” en cáscaras vacías, carentes de significado.

Lo hemos comprobado con las furibundas reacciones que ha cosechado el autobús naranja de HazteOir.org en su periplo por ciudades españolas y norteamericanas, por decir simplemente que “dos y dos son cuatro”.

Lo malo de los totalitarismos es que conducen directamente al frenopático. Lo malo o lo ridículo. No hay nada más ridículo que encumbrar a un charlatán como el ruso Lysenko al podio de la ciencia, como hizo el estalinismo, a pesar de que su disparatada teoría genética abocó a la URSS a la hambruna.

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