LA NAVIDAD NO MOLA

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LA NAVIDAD NO MOLA

Yo sé, que a usted, Mesié, la Navidad le alegra,
pero es que me parece que ignora el factor suegra.

Ignora el factor suegra, que es tema delicado,
que siempre se solapa con el factor cuñado.

No sería una época tan peliaguda y crítica
sin el concepto áspero de familia política.

Nos dicen que son días de afectos y cariños.
Pero es que están en casa los puñeteros niños.

Y es que en las Navidades el más pintado anhela
con avidez urgente que vuelvan a la escuela.

Los niños. Por favor, que alguien los asesine.
O que haya algún cuñado que se los lleve al cine.

Pero es que ese cuñado te dice “¡tururú!”
Y así ocurre el desastre: que te los llevas tú.

Y luego están las cenas. Los críticos momentos
en los que siempre estallan los peores sentimientos.

Concéntrense en la cena, sabrosa y exquisita,
y no en el repelente cuñado podemita.

Y la ansiedad maldita no nos deja tranquilos,
por tanto en quince días cogemos ocho quilos.

También en Navidades, por otra parte, aumenta
el grado de cabreo que tiene la parienta.

La idea de divorcio, con gran tenacidad,
arraiga en nuestras mentes, y lo hace en Navidad.

Si aguantas estos días (lo cual requiere cuajo),
verás cómo en enero la cuesta es cuesta abajo.

No sigo con la lista de daños, de sucesos,
de tirrias, de disgustos, de enfados y de excesos.

¿Que estoy exagerando? Pues bueno, sí, quizá.
Pero es por ese pique que tengo con Sanfuá.

La Navidad no es chunga. O lo es, pero poquito.
También tiene sus cosas positivas. Lo admito.

Por eso a los lectores en esta Navidad
les deseo que sean felices de verdad.

Y hasta Mesié Sanfuá de corazón espero
que sea muy feliz. (¡Que sí, que soy sincero!).

Fray Josepho

Libertad Digital

viñeta de Linda Galmor