La Navidad sabe dónde encontrarte

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La Navidad sabe dónde encontrarte.

Creas lo que creas, o lo que no creas, la Navidad sabe dónde encontrarte. No importa el valor que tú le des sino el valor que ella te da a ti: todo tu valor, todo tu amor, todo tu deseo de mundo mejor, porque tú también encarnas este deseo, aunque nunca te lo hayas planteado.

No importa que no creas en Dios porque la Navidad nos recuerda que Dios cree en ti y en mí, y en todos y cada uno de nosotros.

La Navidad es la culminación de todos los sentimientos, el Nacimiento que nos alumbra y nos redime, el amor y belleza concretados.

Por eso te digo: no te preocupes por cuál es tu fe, si es que la tienes, ni tu color de piel o tu ideología. Importas sólo tú en el centro de la vida, sólo tú en el centro de la eternidad; sólo tú bendecido por el más resplandeciente amor de todos los tiempos; sólo tú salvado por el perdón hagas lo que hagas, sólo y sólo tú mecido en los brazos de Dios hasta cuando creas que ya de ti no queda nada.

Éste es poder magnífico de la Navidad, y así todos nos parecemos al Nacimiento fundamental. No te enfades con Dios cuando te dé pereza hacer lo que tú sabes perfectamente que tienes que hacer; no te enfades con la Iglesia cuando te cueste acudir a ella; ni pidas respuestas al Cielo que sabes que las tienes tú.

No la emprendas contra Dios para hacer tu propaganda política. ¿De qué crees que te servirá? ¿De verdad crees que vas a arrinconarle? Está todo perdonado y Dios te ama con su primer y eterno amor.

La Navidad te reconcilia contigo mismo en Cristo, y como es mucho más grande que nosotros, a veces cuesta entenderla. Pero no por ello pierde su hermosura ni dejará de conmoverte. Así que no te preocupes. Ama y haz lo que quieras.

Salvador Sostres ( ABC )

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