LANZADA A PANTOJA MUERTA

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LANZADA A PANTOJA MUERTA

Ha sido entrevistar Pablo Motos a Isabel Pantoja en «El Hormiguero» y caer un montón de sesudos analistas en la cuenta, fíjate que sorpresón, de que en la mayoría de las comparecencias en televisión se pactan previamente los contenidos. También se han rasgado las vestiduras al comprobar que cualquier parecido entre un programa de entretenimiento y un espacio informativo es mera coincidencia.

El espectador (y sus atolondrados referentes blogueros) que confunde el periodismo con las varietés se habrá extrañado pero, ¿qué pretendían? Quizá la lapidación pública de una señora que ha pagado un (cuantitativamente) pequeño fraude a Hacienda con casi dos años de reclusión en las mismas emisoras donde se majasea a delincuentes de toda jaez, según los compromisos de consejeros y/o presentadores. Por su condición de famosa, y entran también ganas de decir que por ser una mujer meridional escasamente instruida, fue víctima de esa justicia que no es tal porque lleva un adjetivo adosado, «ejemplarizante», y también del escarnio de verse zarandeada por una jauría repugnante con las hienas de la casquería catódica retransmitiendo en directo.

Cumplida su (draconiana) pena, la cofradía del rencor pretende que se la siga despedazando, y todo porque tuvo el mal tino de arrimarse al GIL, esos outsiders de la política que, pasado su cuarto de hora de gloria, ya no tienen quienes les escriban en los medios. Las comparaciones son odiosas pero la mera evocación del apellido Pujol… La ley es igual para todos, excepto que no es lo mismo desfalcar medio millón en Marbella que comisionarse el 5% de toda la obra pública durante tres decenios. «Algunos son más iguales que otros», proclamó el gorrino de Orwell, ese autor que hoy está tan de moda en el noreste de España.

Lucas Haurie ( La Razón )

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