MI SUELDO POR UN BESO

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MI SUELDO POR UN BESO

Carta de un Guardia Civil andaluz:

Llevo más de cuarenta años vistiendo el honroso uniforme de la Benemérita y créanme quien leyere cada día que salgo de servicio, pido a Dios que me permita servir al pueblo que me paga y del que soy parte.

Incluso en los terribles doce años que pasé defendiendo las libertades en el norte de España, allá donde las alimañas olfateaban mis calcañares a diario en las inmisericordes madrugadas.

Jamás invoqué el nombre del Sumo Hacedor para pedir por mí.

Siempre pedí por ser fiel servidor.

En la carretera vi de todo.

Mi uniforme se manchó de ardiente sangre joven y mis letanías arrullaron el partir hacia la Eternidad,  de quien ya tenía extinto el carmín.

Ahora, en el final de mi etapa laboral, presto mis servicios en los Juzgados de Sevilla.

Y ahí sigo, erre que erre, siendo un pronóstico feliz para quien, afligido, acude a mí.

Una palabra agradable, una caricia, una mano en el hombro, una mirada comprensiva…

Y una señora ve en mí lo que no halló en otros funcionarios y estampa en mi mejilla dos besos.

Dicen mis compañeros que somos el Cuerpo de Seguridad del Estado peor pagado de España.

Permitidme que lo ponga en duda.

¿Cuántos besos del pueblo habéis recibido?

Francisco Hermosa Pérez

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