MISA NEGRA

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MISA NEGRA

Visto lo visto a cuento del gran Dalí he decidido depositar en una caja fuerte muestras de mi pelo, mis muelas, mis uñas, mi saliva, mi sudor y mi semen, no vaya a ser que a título póstumo, metidito ya en mi féretro y sepultado éste en el rincón del cementerio de Castilfrío donde yacerán mis despojos, se vaya al juzgado de la esquina un bípedo implume de cualquier edad, sexo, país, ideología, religión, profesión y raza ansioso de notoriedad y de arrebatar a mis herederos parte del magro patrimonio que Hacienda no se haya llevado previamente al nicho de la administración.

Mi situación, en teoría, es de alto riesgo, pues he vivido en una decena de países, he recorrido más de cien y en buena parte de ellos he tenido frecuente trato carnal, aunque casi nunca venal (las putas me gustan sólo para charlar), con las amables señoritas -muy rara vez señoras- que andaban por allí, cedían a mis halagos y me honraban con sus favores.

Tengo cuatro hijos de otras tantas mujeres. Todos llevan mi apellido. En mis años progres renuncié por vía de aborto a otros cuatro, sombría decisión que ahora, desde hace ya mucho, me horroriza. No creo (o en cualquier caso no me consta) que haya dejado rastro genético en otros seres y estoy casi seguro de que Dalí, mirón, onanista, sifilófobo, consentidor y medio impotente, que según confesión propia y testimonios solventes sólo recorrió dos veces y no con el ímpetu de Leónidas el paso de las Termópilas del coito, no tiene más descendencia que la de su formidable obra.

Si el veredicto de la investigación en curso me llevase la contraria, me quedaría tan perplejo como si un ser humano, mujer o varón que sea, corriera de repente hacia mis brazos llamándome papá o lo hiciese hacia los de mis hijos con pretensión de ser su hermano… Pero como el mundo se ha llenado de vivales y pitonisos ansiosos de pasta o de brillantina genealógica y de jueces locuelos que con tal de salir en la tele están dispuestos a tomarse en serio cualquier majadería, más vale dejarlo todo mejor atado de lo que Franco lo dejó para que no profanen mi sepultura como acaban de profanar la de Dalí, dicho sea salvando todas las distancias existentes.

En el país del viva la muerte ya ni siquiera es posible pudrirse en paz. Los ladrones de tumbas arramblan en Caconia hasta con las astillas de tu osamenta y los pelos de tu bigote, tanto si fuiste un gran pintor como un don nadie. Vade retro, Satana.

Fernando Sánchez Dragó ( El Mundo)

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