NO TE CALLES, MATT

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NO TE CALLES, MATT

Que no se calle Matt Damon. Que no lo haga, porque da un poco de miedo la vehemencia con la que le dicen que se calle. Por hombre. Empiezo a pensar que estamos inmersos en una locura colectiva si hay mujeres que te mandan callar porque, como hombre, no pueda opinar sobre el movimiento #MeToo. Gracias Matt, por haber sido valiente, con dos películas en cartelera. Aunque puede ser que, en realidad, sepa, como tantos, que esto se nos ha ido de las manos y que ya va siendo hora de que alguien lo diga. No, no es lo mismo una palmadita en el culo que una violación.

No, no ha dicho que lo primero esté bien, sólo que hay un espectro de conductas. Con lo primero, una mujer puede poner si quiere al que se la propina en su sitio y decirle que ni una más, que cuidado, que con ella los buitres fracasan. Otras pueden dejarse, porque hay armas que usan algunas mujeres, pero ese debate está silenciado también, claro, que se trata de pintar a todas igual, inmaculadas, buenas, víctimas, juntitas en eso que se ha dado en llamar la sororidad.

Lo segundo, una violación, es un delito muy grave, es una conducta penal y, si la equiparamos al cachete, estamos insultando a las víctimas de verdad. Pero da igual. No hay matices, no existe Matt Damon diciendo que le parece muy bien que se hayan denunciado conductas asquerosas mezcladas con abuso de poder.

También dijo que sabía que Harvey Weinstein era un buitre y que algo le había contado Ben Affleck de cómo acosó a Gwyneth Paltrow cuando eran novios, pero que le dio la sensación de que lo habían arreglado. También dijo que no lo querría casado con ninguna mujer a la que apreciara. Pero que lo de Weinstein no era lo mismo que lo del senador y cómico Al Franklen, que se hizo una foto como con ganas de tocarle las tetas a una presentadora de televisión mientras ella dormía vestida de soldado en Afganistán, la misma mujer a la que sugirió ensayar la escena de un beso con lengua. Él ha pedido disculpas y ella ha dicho que no se trata de que dimita de senador. Pero es tarde. Todo es el mismo saco inmenso.

Esos matices, esas explicaciones, todo empieza a ser muy sofisticado para el feminismo de tercera ola, el de las microagresiones y el victimismo, el de la diferencia y no el de la igualdad.

La misma semana, mientras, se ha sabido que sobre Linda Sarsour, la mujer musulmana que lideró la Marcha de las mujeres contra Trump, pesa la denuncia de una ex trabajadora de haber encubierto un acoso hacia ella en la Asociación Musulmana de América, que dirigía la feminista demócrata de velo siempre puesto. Asmi Fathelbab, así se llama la denunciante, ha explicado que Sarsour no la creyó cuando acusó a un hombre de la organización de acosarla, le dijo que nadie abusaba de alguien como ella (por gorda y poco atractiva, parece ser). Sarsour es la misma que hace años dijo sobre Ayaan Hirsi Ali que “ojalá pudiera arrancarle la vagina, no merece ser mujer”.

De eso se trata. De repartir certificados de mujer y de víctimas. De hecho, conviene recordar que Weinstein es un gran donante del partido demócrata, lo que explicaría, además de su poder como productor, tantos años de encubrimiento de demasiados. Pero era uno de los nuestros, buitre, pero demócrata, progresista. Liberal, que dicen allí.

En este debate no es bienvenido ningún hombre, a no ser que sea para decir amén. Quien se salga de las directrices de ese feminismo pasa a ser alguien que justifica el maltrato, que aplaude a los acosadores, que nutre al heteropatriarcado. Matt Damon no puede hablar, se lo ha dicho la actriz Minnie Driver. No puede decir que hay muchos hombres buenos también en Hollywood. Pues no, Matt. No te calles, por favor. Porque existen hombres buenos y mujeres malas. Porque esto no va de una guerra de sexos, como les gustaría a tantas. Como dice Christina Hoff Sommers, somos muchas las que tenemos la suerte de haber tenido magníficos padres, parejas, hermanos e hijos. Por ellos, Matt.

Verta Gonzále De Vega ( El Mundo )