SEÑOR PERRO

perrohom

SEÑOR PERRO

El nivel es este: una diputada de Ciudadanos (sueldo va) iba a decir algo sobre feminismo cuando a mitad de viaje propuso lanzar un proyecto de ley para que “los perros sean personas”, pues todos somos “seres”. Esta iniciativa de mentalidad diésel delata un caudaloso desparpajo para no pensar nada mientras se debería estar pensando. La diputada Melisa olvida que también existen los gatos. Los cerdos vietnamitas. Las iguanas. Los fieles agarponis (que van de dos en dos). Los hámsteres. Y muchas más criaturas maravillosas para hacer titulares de Nespresso. Aunque, de momento, como personas sólo propone a los perros, que se lo curran con más audacia.

Cosas así ya impresionan poco. Estamos advertidos de que el estómago tonto de la política española se alimenta también con párvulos mentales que confunden respeto al animal con la mutación de las bestiecitas en personas jurídicas. (De algo hay que reír los miércoles). Pero esta bufonada alarma porque la echa a volar alguien que tiene el encargo democrático de representarnos en algunas cuestiones de la vida. Así nos va. Es posible aprender lecciones de los animales: la ternura o la bondad están en ellos de un modo esencial. También la lealtad y la alegría. Pero nunca la idiotez. Mi gato aún es joven y con él entró en casa una hermosa ráfaga de candidez que expresa bien nuestro estado de ánimo. Pero Rilke (el gato) sólo es un gato. Con toda la grandeza de los gatos, pero ni un paso más.

Este debate es estéril, aunque no por eso carece de interés. Permite marcar nuevos límites del delirio; y de la banalidad; y de la ignorancia. Huir de la ñoñería sulfúrica que sopla o del salvajismo rampante es tan urgente como hacerlo de ese animalismo desabrochado que traspapela, como la diputada Melisa, los usos y costumbres del sentido común. No digamos ya la antropología. Aunque algunos compañeros de especie me parezcan el escombro de la raza, incluso el estiércol de ser hombre, creo preferible mantener el título de persona para las personas. Tiempo habrá de reconquistar la gracia irrepetible del caballo y nombrar senadores a unos cuantos. A ver si entre ellos y nosotros, seres todos, logramos darle sentido a esa cámara de agraciados, a ese cementerio civil de la desgana.

La humanización del animal es una tara extendida entre urbanitas. Disney hizo creer a varias generaciones que los ciervos hablan. Y así pasa que una de Ciudadanos, la diputada Melisa, se descuelga del pelotón apostando por un país multicolor donde nació una abeja bajo el sol y fue famosa en el lugar por su alegría y su bondad. Joder.

Antonio Lucas ( El Mundo )