SER FUERTE

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SER FUERTE

Ser fuerte no es ningún privilegio. Es un don y hay que aprovecharlo como Dios quiere que aproveches los dones, que es lo contrario de disfrutar de tu casa en Méribel. Cuando eres fuerte, como los reyes con su vida, no rindes cuentas de lo que haces a los demás, sino a ti en lo más hondo de tu conciencia y a Dios.

Que eres fuerte, nunca lo sabes de entrada. Te das cuenta al cabo del tiempo, y también de que no puedes utilizar tu fuerza como un nuevo rico caprichoso usa a su chófer, sino como el terminal de Dios que somos, y este sentimiento es tan poderoso como la fuerza, si no es que resulta ser la esencia misma de la fuerza. Todos somos terminales de Dios pero los que hemos sido agraciados con un don o con varios de ellos, tenemos que vivir más pegados que nadie a este rigor, tal como la reina de Inglaterra vive mucho más sujeta a las normas y las exigencias de su cargo -durísimas exigencias- que una esteticién o un fontanero.

Salvador Sostres ( ABC )

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