Un mundo de frikis

frikis

Pensamos a lo corto. Imaginamos a lo pequeño. Vivimos a lo reducido. Nuestras ideas se circunscriben a una casilla. No pasamos las líneas rojas, no las pisamos. No sabemos casi por qué, pero nacimos pensando que estaba mal ir más allá, pensar más, imaginar más, soñar a lo grande. Lo supimos al llegar al mundo, nos lo dijeron nuestros padres y todo lo que nos rodea está pensado para que nos quede claro que la divergencia sale cara. Nos pasamos la vida enmendándonos para no pasarnos, para no llamar la atención y tener ideas fuera de nuestra casilla predeterminada, de nuestro rectángulo, más allá de la línea que separa de lo que está bien de lo que está mal. Nos aterra lo desconocido, lo que no controlamos.

Todo lo que es nuevo y que no va en cajas ni envuelto en papel de regalo nos causa pánico. Los nervios se nos comen las uñas y nos agujerean el pecho si no seguimos el protocolo, si cedemos a la magia, si nos dejamos llevar por la pasión y entonces nos inventamos una marea imaginaria que nos arrasa los castillos de arena que construimos cada noche cuando se nos sueltan el ingenio y el deseo.

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