HURTO

No se conoce otro día
de este millar de luces,
la terrible coherencia
de saber que es hoy
lo que describe el alba
y me digo
qué pierden los hombres que han perdido todo
y bebo
hasta que el sol se harta
de mis ojos vigías,
y dejo saber a los libros
la imposible mente.
Veo aún la calle
de mi palma honda,
puedo robarle a alguien una rosa,
un cuerpo de mujer,
pero ella vendra con la calma
traspasando la flor,
entregando su cuerpo
y me robará el poema.
Andrés Lazcano