HUYEN COMO RATAS

Por la Castilla infinita vuelan las grullas y traen la lluvia en las alas. Se lo digo a un ex minstro y él comenta: “Mientras, los independentistas están huyendo como ratas”. ¿Es que no recuerdas -le respondo- a Josep Dencásconseller en cap de Companys que huyó del palacio de la Generalitat por las alcantarillas? Se habla bien, bajo el cielo de las grullas, de Rajoy. Ahora va a resultar que Mariano es un monstruo de la sagacidad y de la razón de Estado. “Este gallego que nos rompe los nervios no cree en nada, extermina a los enemigos, pero es un político inteligentísimo rodeado de idiotas a los que desprecia y engaña. Lo de Cataluña no puede terminar bien, pero Rajoy evitará la catástrofe”. Me lo dice un juez mítico, maestro de juristas.

Una catalana en Madrid, que ha seguido el procés, entre coacciones irresistibles, reconoce que con la convocatoria del 21-D , Rajoy arrebata los titulares a la república catalana. Ni siquiera Eslovenia ha reconocido la gran cagada. “El 155 de 54 días deja sin argumentos a los independentistas, que ahora tendrán que abjurar de la república exprés para ir a una elecciones autonómicas a secas”. Una suspensión de seis meses era el escenario soñado por los independentistas, que más divididos que nunca, podían idear un motín retórico de la opresión española. Me informan de que el gran sacrificado va a ser Albiol. “Pero ¿ a quién le importa perder un peón cojo?”.

La huida de Puigdemont pasará a la historia de la infamia.

Le acompañaban FornBorrásBassaComín y Serret. Fueron todos en coche hasta Marsella y de ahí en avión a Bruselas. Iban seguidos por dos agentes del CNI.

En un otoño catalán sin revellons ni setas de los mocos, ni amanitas de los césares nos vamos a divertir. El mar avanza hacia el Palau. Han maullado los gatos alrededor del caldero de las brujas de Halloween. Con sus calabazas han sobrevolado sobre Puigdemont, avisándole que el traje le estaba demasiado grande y nunca será rey. Ha sido fiel a la tradición: ha repetido la función de cobardía e incompetencia de las cinco veces anteriores. Se ha refugiado en la covacha de la peor derecha europea. Sigue la bandera de España en el palacio de la Generalitat. Mariano ha ordenado que no se note el desembarco. Hay que sofocar la rebelión con suavidad. Como escribía otro gallego, Camba, los separatistas con su estilo tartarinesco distraen al pueblo con sus anhelos subversivos. “Pero la revolución no se hará ni mañana, ni pasado mañana, habrá que buscar otras emociones”.

Raúl del Pozo ( El Mundo )