IGLESIAS APOSTATA DEL CHAVISMO

Ya podemos poner fecha al día en que oficialmente el régimen bolivariano dejó de ser un referente para Podemos. Ocurrió ayer, durante una comisión parlamentaria, cuando confrontado con sus propias declaraciones en la televisión venezolana -donde manifestaba su admiración al «Comandante» y reivindicaba el chavismo como alternativa necesaria para el sur de Europa-, afirmó que ya no se reconoce en esas opiniones. Que la situación política y económica en Venezuela es «nefasta». Que todos nos hemos equivocado y hemos dicho «tonterías». Y que en política es bueno rectificar.

La palinodia de Iglesias ha desatado todo tipo de interpretaciones. Solo él conoce el grado de sinceridad de sus palabras, así como la proporción que hay en ellas de cálculo estratégico: serán varias las causas que explican esta sobrevenida apostasía del socialismo revolucionario en el que siempre ha militado.

No sería la primera vez que los líderes de Podemos camuflan las aristas más radicales de su ideología para no espantar al electorado de una democracia europea consolidada. Pero sí podemos aportar dos claves que ayuden a entender este giro: una de carácter político y otra de carácter biográfico.

No cabe desligar esta pretendida caída del caballo populista de la deriva errática de Podemos. Quedan lejos ya aquellos días del asalto a los cielos a lomos de la ira popular despertada por la larga recesión y por la corrupción de los políticos convencionales.

La mejoría económica, la limpieza judicial del sistema a manos del sistema mismo y la progresiva institucionalización de Podemos han abundado en la desmovilización de su electorado. Así lo avisaban las encuestas, como también lo revelaba la escasa participación de los inscritos en sus propias iniciativas y convocatorias, y lo ha terminado de confirmar el batacazo en las elecciones andaluzas. 

Podemos hoy es una fuerza menguante, con graves problemas de faccionalismo y abiertos desafíos territoriales a la cúpula dirigente: se diría que Iglesias tiene hoy mayor influencia sobre Sánchez que sobre las confluencias de su formación. Su estrategia de acompañamiento útil del separatismo, que tilda de presos políticos a los autores del golpe y defiende la autodeterminación, no ha sido comprendida por sus votantes. Como le sucede a Sánchez, el desafío catalán amenaza con reducir drásticamente las expectativas electorales de Podemos.

Luego está la evolución personal de Iglesias. Sus actuales circunstancias vitales refutan el estereotipo revolucionario que se cuidó de cultivar. La consulta sobre su chalé es elocuente en ese sentido. Por eso carece de credibilidad para seguir explotando la retórica de la «alerta antifascista».

Aún podrá causar daño su frentismo, pero cuatro años después de su irrupción para dinamitar el sistema desde dentro, la democracia le ha cambiado a él mucho más de lo que él ha podido cambiar la democracia. Afortunadamente.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor